jueves, 16 de enero de 2020

JULIO ANAYA CABANDING - TRAVESÍA LITORA EN LA GALERÍA PLÀSTIC MURS

calle Denia, 45 (Ruzafa) València



 



 


Fotos de la sala: Estrella Jover

Hasta el 8 de Febrero.

En la Galería Plàstic Murs se puede visitar hasta el 8 de febrero la exposición «Travesía Litoral» de Julio Anaya Cabanding. La muestra se compone de 9 pinturas en acrílico sobre cartones abandonados en los que reproduce obras de Joaquín Sorolla, Antonio Muñoz Degrain, Emilio Sala, Ignacio Pinazo y Bernardo Ferrándiz y Badénes y una fotografía de gran formato de una intervención pictórica realizada en la calle de la obra Boceto de la Decapitación de San Pablo de Enrique Simonet.


Anaya establece una relación con Valencia y sus artistas, las obras que utiliza para la exposición son pinturas de artistas valencianos que se encuentran en museos malagueños, algunos de ellos elegidos además por su relación con la ciudad de Málaga puesto que fueron miembros de la llamada escuela Malagueña de pintura.





Inauguración: Viernes 17 de enero, 19’30 h.

En Plàstic Murs puede visitarse desde el 17 de enero, la exposición “Travesía Litoral” del artista Julio Anaya Cabanding (Málaga 1987), la exposición se compone de 9 pinturas en acrílico sobre cartones abandonados en los que reproduce obras de Joaquín Sorolla, Antonio Muñoz Degrain, Emilio Sala, Ignacio Pinazo y Bernardo Ferrándiz y Badénes y una fotografía de gran formato de una intervención pictórica realizada en la calle de la obra Boceto de la Decapitación de San Pablo de Enrique Simonet.

Parte de la estrategia de Julio Anaya posee figuradamente cierta condición de viaje, de desplazamiento o trasiego: por qué no, de ida y vuelta. El artista acarrea obras preexistentes —el acarreo es otro concepto, vinculado a la arquitectura, que ilustra cómo se emplean materiales anteriores en la construcción de obras nuevas— llevándolas a entornos en los que quedan resignificadas, detonan nuevas interpretaciones o esos espacios se transforman. 

Podríamos decir que, siendo obras reconocibles de autores insustituibles de la historia del arte, las hace suyas, las hace viajar a su pintura: Anaya las pinta, las vuelve a pintar, no se conforma con reproducirlas mecánicamente para intervenirlas mínimamente al modo de un ready-made duchampiano. Una vez copiadas, una vez realizado ese viaje de ida, Anaya las proyecta y redimensiona en su modo de exponerlas y en el lugar en el que lo hace. He aquí el metafórico viaje de vuelta. Esto es, la poética de Julio Anaya no consiste simplemente en un ejercicio de préstamo, cita o paráfrasis, dentro de lo que conocemos como apropiacionismo. 

Ese ejercicio de copia es —por así decirlo— un medio y no el fin. Formal y materialmente reproduce obras maestras o, cuanto menos, significativas de la historia del arte sobre materiales de desecho y desclasados, absolutamente precarios —no podríamos decir ya extra-artísticos—, como cartones encontrados por el propio artista. Anaya parece poner en escena, y tal vez en conflicto, conceptos como el de lo elevado, el icono, el prestigio, la teofanía, el aura o la distinción de la imagen y su condición material. 

La tradición —la buena pintura— acaba materializándose o enunciándose en sus pinceles en función a comportamientos y recursos ajenos y posteriores a ella. En algunos casos, esas réplicas, que cuentan sistemáticamente con la recreación de sus marcos originales o los que poseen en las instituciones museísticas en las que se hallan ingresadas, al ser pintadas sobre cartones o directamente en el espacio expositivo pueden originar intervenciones encaminadas a generar sombras, de modo que Anaya desarrolla trampantojos y alude al carácter ilusionista de la pintura. 

La pintura adquiere en ese caso un carácter instalativo que puede frisar lo ambiental, asegurándose una respuesta fenomenológica por parte del espectador. Es decir, Anaya nos sume en la incertidumbre vía artificio e ilusión. Nos debemos asegurar si aquello que consideramos un objeto (el marco) es tal o sólo imagen. Ese proceso de desvelamiento nos obliga a un continuo ejercicio cinético ante sus piezas, encaminado a encontrar los puntos de vista que nos aseguren que, efectivamente, es pura ilusión.

Juan Francisco Rueda
Crítico de Arte






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