miércoles, 6 de noviembre de 2019

ANTONI MIRÓ 'PINTURA MUSICADA, DE CINEMA' en LEÓN







Plaza del Conde Luna, nº9 - LEÓN

Hasta el 30 de noviembre

Componer o interpretar música es musicar la emoción y la experiencia social. Esta es la sustancia compartida entre todas las artes, también entre música y pintura. Musicar pintura y pintar música, por lo tanto, forman parte del ejercicio de plasmación de esta emoción y experiencia social igual como pintar un paisaje, pintar un poema o pintar pintura. Las artes -todas- son en definitiva sinestésicas: en el trabajo de escuchar colores y ver sonidos, de palpar sabores y probar texturas.

La relación entre música y pintura viene de muy lejos pero se hace más estrecha durante el romanticismo, como fuente de inspiración mutua, y florece con el impresionismo musical de Debussy donde la música roza el arte pictórico: «La música es el aritmética del sonido, como la óptica es la geometría de la luz», dijo.

Aparece, en ese momento, la necesidad de explicar técnicamente esta relación: la analogía entre armonía y espacio, tono y perspectiva, melodía y línea, timbre y color… Un corpus de términos compartidos donde ya no es extraño que Wagner o Chopin hablaron de color y de luz referidos a la música.

Klee (pintor y violinista) y Kandinsky (pintor y violonchelista) fueron un paso más allá en la teorización y plasmación de esta relación. Kandinsky, llegó a la abstracción en la pintura con la música, con el sonido como medio a través del cual se desarrollan conceptos abstractos que somos capaces de aprehender, conceptos no tangibles que nos comunican con las emociones.

 


Aunque la música y la pintura habitan dimensiones diferentes –la música el tiempo y la pintura del espacio– nos encontramos ante dos de las artes más parecidas y complementarias. Por eso tenemos Debussy pintando con música y Kandinsky musicando con pintura. Tenemos «La isla de los muertos» de Arnold Böcklin musicada por Serguéi Rajmáninov o «Cuadros para una exposición» de Mússorgski inspirada en una exposición póstuma de Viktor Hartmann. Y a la inversa tenemos «el volinista» de Marc Chagall inspirada en Txaikovski.

En esta compilación «Antoni Miró, pintura musicada» tenemos, además, la palabra. Aunque como decía Debussy «la música empieza donde las palabras se muestran impotentes», la canción como género musical va íntimamente ligada al texto. Debemos entender la voz, por supuesto, como un instrumento más, pero también la palabra, la fonética y el significante como un elemento

más de la musicación. Y cada lengua es un instrumento diferente para sonar matices diferentes, por eso no nos podemos permitir dejar morir ninguna de ellas. Hablamos de musicar un texto literario cuando componemos expresamente una obra musical donde un texto literario preexistente pueda ser cantado o dicho.

Desde el punto de vista de la canción como género, musicar una pintura sería componer una letra y una música expresamente para que esta pintura sea cantada. Con las canciones tenemos por un lado la abstracción de la música y por la otra los sonidos convertidos en palabras que permiten describir lo tangible. Lo abstracto y lo definido inseparables.

En definitiva, desbordar la dimensión del espacio en la pintura y hacerla pasar a la dimensión temporal de la música acompañada por el elemento narrativo del texto, figurativo o simbólico.La relación de la canción con la pintura tampoco es nueva.




Igualmente como encontramos influencias de la canción popular en Kahlo, encontramos la pintura y los pintores en la canción popular: “Vincent” de Don McLean con referencias a “La noche estrellada” de Van Gogh; “Fourteen
Black Paintings” de Peter Gabriel inspirada en 14 pinturas de Rothko; “Andy Warhol” de David Bowie; “Pictures of Matchstick Men” de Status Quo sobre la obra ds L. S. Lowry; “Magritte” de John Cale; “Óleo de mujer con sombrero” de Sílvio Rodríguez sobre Chagall; …

“Antoni Miró, pintura musicada” es, sin embargo, un ejercicio poco habitual: Músicos y cantantes conjurados para crear nueve canciones inspiradas en nueve cuadros de un mismo pintor en diferentes momentos de su trayectoria.

En apenas dos meses del verano de 2018 hicimos construir un estudio musical de la obra de Antoni Miró. Una mirada musical conformada por varios estilos y acentos: Mara Aranda, Pau Alabajos, El Diluvi, Cesk Freixas, Miquel Gil, Lu Rois, Mireia Vives y Borja Penalba, Julia y quien escribe estas líneas.

Es, evidentemente, un mapa incompleto resultado de la oportunidad y del momento pero abierto, como muchas de las series del pintor, a ser completada con nuevas musicaciones. Hemos incluido también las voces de los actores Francisco Anyó y Pepa Alòs que interpretan textos poéticos de Isabel-Clara Simó, Josep Piera, Marc Granell y Ovidi Montllor que hablan del pintor y su obra. No podemos olvidar autores como Salvador Jafer, Martí i Pol, Espriu, Estellés, Pérez Montaner, Joan Valls, Jordi Botella, Rodríguez-Bernabeu, Rafael Alberti, o tantos otros que han dedicado versos al mundo pictórico de Antoni Miró. Y hay
que hacer mención especial a la canción “A l’Antoni Miró” del cantautor Jordi Gil [Gil, J. (2007). Íntimamente (1ª ed.) [CD]. Penàguila: Audioart].

La pintura de Antoni Miró está íntimamente relacionada con la música y la canción, en mi opinión. Cada noche, como escribe Josep Sou: «El pintor, el artista, el creativo, escucha las músicas que suben en la atmósfera de su estudio, y que le genera la cobertura ideal para dibujar mundos sin anclajes». Es imposible pensar que cada nota, cada silencio, no condicione su trabajo.

Ha pintado músicos e instrumentos también, ha ilustrado las portadas de infinidad de discos, pero es en la danza donde ha capturado, donde ha detenido el tiempo musical para atraparlo en el espacio de la pintura. Antoni Miró ha pintado Bob Dylan, Carles Santos, Pau Casals, Maria del Mar Bonet, Víctor Jara, Quico Pi de la Serra, Raimon y, sobre todo, a su amigo Ovidi Montllor, una amistad que llevó a Ovidi a hacer de modelo gestual para Antoni Miró y es el mismo pintor que en “a Tereseta i Ovidi” 2013 / Alcoi (acrílico- mixta s / lienzo, 162x114) ha llevado a la pintura la canción “Homenatge a Teresa” [Montllor, O. ( 1972). Uno entre tantos (1ª ed.) [LP]. Barcelona: Discophon].


 


La gran mayoría de la representación de músicos en su obra, sin embargo, no son músicos en actuación, son sus rostros, sus miradas interrogadores en el camino de la concienciación de la propia pintura de Antoni Miró, referentes por sus valores y visiones estéticas. Como dice Fernando Castro, Antoni Miró «fija imágenes a pesar de todo, con una actitud ética constante».

Es esta actitud ética, el hilo rojo que ha conectado las pinturas seleccionadas con las obras musicales que presentamos en “Antoni Miró, pintura musicada”. La figuración crítica, la crónica de la realidad hasta la descripción descarnada de la inhumanidad de las ciudades y del mundo «para denunciar las guerras, la discriminación racial, la explotación de los hombres, la hegemonía de los
imperios (económicos o militares) , la destrucción de nuestro planeta, las miseria de nuestra propia historia »en palabras de Giralt-Miracle, para« tratar de ofrecer instancias críticas emancipadoras (…) con precisión y siempre con furia »como escribe Fernando Castro. Con una mirada valenciana que según Joan Maria Pujals «tiene a menudo un tono grotesco, esperpéntico, satírico» porque a pesar del desastre global contemporáneo, en Antoni Miró, como escribe Corredor-Matheos: «El color, entonces, en contraposición con lo que se denuncia, tiene notas alegres». Estas «notas alegres», estas líneas, perspectivas y colores están recogidas en “Antoni Miró, pintura musicada”, desde la pluralidad estilística de las diferentes propuestas musicales que se han reunido.

Feliu Ventura
Director artístico del catálogo musicado “Antoni Miró. Pintura musicada”