martes, 22 de octubre de 2019

«CONCRETE EFFECT» DE CARLOS SÁEZ EN ESPAI TACTEL


C/ Caballeros, 35, 2º, p3  - Valencia

 

 


Hasta el 1 de noviembre

El 16 de Mayo de 1960 Theodor Maiman pone en funcionamiento el primer láser hecho con rubí. El retraso que supuso su aparición en revistas científicas de referencia como Nature, hizo que se fueran realizando investigaciones y desarrollos paralelos como los de Townes y Schawlow, que fueron construyendo la cronología expandida de la historia de una ficción, un fantasma, una aparición. Light Amplification by Stimulated Emisssion of Radiatio. Láser, una historia de pelis de ciencia ficción adolescente, electrónica cuántica y discotecas. 

El paso de una cultura floppy o de almacenamiento a una cultura RAM  o de interconexión ha sido una de las transformaciones más importantes en la evolución humana en las últimas décadas.  En 2005, en una conferencia que llevaba por título “Cultura _RAM. Mutaciones de la cultura en la era de su distribución electrónica”, escuché a José Luis Brea preguntarse, “¿Alguna vez han soñado las gigantescas naves en que funcionan los motores de búsqueda de Google?. Allí no habría datos, no documentos, no consignaciones. No habría memoriales acumulados, no archivo alguno. Sino, únicamente, nodos, redes de redes, puertos multiplicados por los que todo entra y sale a grandes velocidades, flujo. Incluso podemos empezar a imaginar esas estancias como puras arquitecturas virtuales, atópicas, meros lugares transicionales. Estructuras de interconexión que lo único que hacen es darnos paso a su través: poner en relación distribuida la totalidad posible de los contenidos de conocimiento que en las innumerables terminaciones nerviosas de esas red cuasiinfinita constituyen no sólo el origen indagador de nuestras pesquisas, sino también su propio objeto final. A uno y otro lado de esos túneles interminables y sus laberintos cruzados, nuestras máquinas…”.(1)

Siempre me ha inquietado el final de ese texto, los puntos suspensivos, el lugar al que nos llevarían nuestras máquinas. Tecleo en el portátil mientras mantengo una conversación por skype con Carlos. El gato pasea por el teclado. Pienso en Burroughs y su “gato encerrado”. “Es responsabilidad del  Guardián proteger a los híbridos y los mutantes en esa etapa tan vulnerable que es la infancia”.(2) A propósito de la idea de lo fósil,  Carlos me comenta que cuando era pequeño recogía la resina de las pinos y las guardaba en un cajón esperando que se convirtiese en ámbar. Infancia, mutación, tiempo.  Y un gato que pasea por el teclado.  

En 1972, Deleuze y Guattari en su ya clásico texto “El Anti-edipo: Capitalismo y Esquizofrenia”, introducían el término de máquinas deseantes para definir como la sociedad capitalista estaba estableciendo las pautas de nuestros flujos de deseo. En todas partes máquinas, con sus acoplamientos, sus conexiones. Una máquina-órgano empalma con una  máquina-fuente: una de ellas emite un flujo que la otra corta. El seno es una máquina que produce leche, y la boca, una máquina acoplada a aquella. La boca del anoréxico  vacila entre una máquina de comer, una máquina anal, una máquina de hablar, una máquina de respirar (crisis de asma). De este modo, todos “bricoleurs”; cada cual sus pequeñas máquinas. Una máquina-órgano para una máquina energía, siempre flujos y cortes.(3)

44 años después, en 2016, Boris Groys en el marco de la IX edición de la Bienal de Berlin  que llevaba por título  The present in drag, escribía en “Cosmic anxiety” sobre el devenir de esas máquinas de las que nos hablaban Deleuze, Guattari , advirtiéndonos de que además de flujos y datos, Internet es materia, un cúmulo de cables, ordenadores, teléfonos móviles y otros dispositivos a través de los cuales circula ese “flujo inmaterial”. 

Pero, ¿qué ocurriría si una catástrofe mundial acabase con ese flujo de datos?. ¿Cómo serían nuestras máquinas sin esa acumulación de algoritmos? ¿Qué sería de nosotros sin esos rastros de nuestro deseo?. Al igual que ocurre con las máquinas de Carlos Saéz, el ghost hardware se  constituye como pura forma, estética llevada al límite, que bien explica Groys con una metáfora, “if the internet were to crash as a whole, the probabibility of individual messages being preserved is low. And even if some data were to be saved, it would be difficult to understand to what reality it refers. In this case, the hardware of the internet, minus its information, would be aestheticized,-like Roman aqueducts today, minus the water”. Máquinas sin información. Artilugios sin relato. 

Concrete effect pone en escena algunas de estas cuestiones sobre las que Carlos Sáez viene trabajando en los últimos años a partir de instalaciones, esculturas, piezas de video y acciones en vivo con las que al igual que los personajes de eXistenZ de Cronenberg no sabemos si nos toca jugar o estamos siendo jugados por estos objetos que se abren camino entre la  bruma de humo seco y la amplificación sonora binaural. 

A propósito de eXistenZ y su relación con lo que el propio Cronenberg denomina como “propaganda existencialista”, Mark Fisher distingue en un artículo sobre la película, entre lo que Sartre llamaba el “ser-para-sí” y el “ser-en-si”: el mundo inerte de los objetos, despojados de conciencia”.(4) En Concrete effect, los objetos se exponen para ser jugados. Formamos parte de un juego en el que los elementos han sido desposeídos de información y aparecen como ruinas de nuestro tiempo, concreciones fósiles que a diferencia de los testimonios arqueológicos, no aportan ni construyen relato, sino que se ofrecen en su más pura hermeneútica, la del juego, como la “Lanza para Gadamer” (2019) que Carlos Sáez ha presentado en “Les Escenes. 25 anys després” en La Capella de Barcelona. 

Veo el reflejo del láser reflejándose sobre la resina verde. Me traslado treinta años atrás. Voy en coche. Carretera del Perelló. Aún quedan algunos nostálgicos de aquello que fue la ruta del bakalao. Muchos dejaron sus restos entre la carcasa de sus coches. Ballard on the road to Templo. Hablo con Carlos sobre esta época, sobre los últimos coletazos de aquello que fue uno de los movimientos de las subculturas juveniles más importantes y significativos de nuestro país.  

De aquel movimiento de personas,  de ese continuo flujo deseante, sólo quedan los locales donde se ubicaban aquellos templos de la música electrónica. Como los acueductos de los que hablaba Groys, escenarios en ruinas de aquella ficción de la que nos hablaba un joven Douglas Crimp en su devenir sobre las discotecas neoyorkinas a mediados de los años setenta en “Dissco-a fragment”. Escribe Crimp : “Place: synthetic material, industrial gloss, futuristic spacey, technologized surfaces an lighting (…) views of reality look unreal, nightmarish, tacky. Going outside is always a shock, and it takes days to readjust to ugly reality. People: Synthetically produced bodies using bodybuilding machines and protein supplements. Bodies moving en massem like cogs in a machine”.(5)

Concrete Effect. Busco al fantasma de Crimp entre el humo. Escucho a William Burroughs, los gatos y la interzona. J. G. Ballard me habla sobre la isla de cemento y “the atrocity exhibition”. FM2030 aparece entrevistado por Larry King en la televisión, hablando sobre el transhumanismo y las diferentes entidades sensibles.  Releo a Donna Haraway, el manifiesto cyborg y la alianza entre las especies en el Chthuluceno mientras descubro a Ted Chiang,  y El ciclo de vida de los objetos de software.  Anoto “..todas las cualidades que hacen que una persona sea más valiosa que una base de datos son fruto de la experiencia... Blue Gamma tenía más razón de lo que pensaba: la experiencia no sólo es el mejor maestro, sino el único…La experiencia es algorítmicamente incomprensible”. 

Concrete Effect. Una experiencia algorítmicamente incomprensible. El reflejo del láser proyectándose sobre la resina verde. Un hongo que crece sobre las ruinas de nuestras máquinas. El efecto de una virtualidad contemporánea que asumimos como realidad.  Flores raras, malas hierbas, tentáculos salvajes.

1.- Brea, José Luis. Cultura _RAM. Mutaciones de la cultura en la era de su distribución electrónica,  2007
2.- Burroughs, William. Gato encerrado, 2007.
3.- Deleuze, Gilles y Guattari, Félix. El Anti-Edipo. Capitalismo y esquizofrenia. 1972.
4.- Fisher, Mark. “No vas a poder detenerte. Incluso quizás lo disfrutes”: eXistenZ y el trabajo no-cognitivo.  Artículo recogido en “Los fantasmas de mi vida. Escritos sobre depresión, hauntología y futuros perdidos.  2018.
5.- Crimp, Douglas. Before pictures. 2016. 

Jesús Alcaide, 2019 
#concreteeffectcarlossaez