miércoles, 11 de septiembre de 2019

LA SEDUCCIÓN DE LA ELEGANCIA ESCULTURAS DE ALCORA DEL MUSEO NACIONAL DE CERÁMICA (1742-1995)


MUSEO NACIONAL DE CERÁMICA Y ARTES SUNTUARIAS “GONZÁLEZ MARTÍ” · VALENCIA

Hasta el 3 de noviembre.


El Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias “González Martí” presenta la exposición «La seducción de la elegancia. Esculturas de Alcora del Museo Nacional de Cerámica (1742-1995)». Comisariada por Ximo Todolí, la muestra exhibe un total de 41 piezas de escultura procedentes de la Real Fábrica de Loza de Alcora (Castellón) fundada en 1727 por el conde de Aranda. La mayor parte de las obras expuestas proceden de los fondos del propio Museo, a los cuales se suman cuatro piezas procedentes de una colección particular. El conjunto de obras expuestas abarca un periodo comprendido entre 1742 y 1995, año de cierre de una de las dos fábricas que siguieron produciendo en el siglo XX figuras según los modelos de Alcora.

La fábrica: el origen
En 1727 se instaló en Alcora una fábrica de cerámica especializada en la fabricación de objetos de uso doméstico, propiedad de Buenaventura Abarca de Bolea, IX conde de Aranda, en la que tanto su organización como su original muestrario decorativo y formal, nunca visto en España, pretendía estar a la altura de las manufacturas punteras europeas.

El edificio, con casi 2000 m2 de planta prácticamente cuadrada, albergaba las secciones o «quadras» de dibujo, pintura, moldes, tornos, hornos, muebles, baldosas, técnico y, finalmente, escultura, como se dice en las primeras ordenanzas, «que deva estar abundante de modelos [….] executados con la mayor perfección de rigurosa última moda…», donde se realizaba, sobre todo en estos primeros años, el modelaje de objetos utilitarios.
Cada sección o «quadra» estaba dirigida por un «maestro regidor» que estaba al frente de algunos maestros, oficiales y aprendices. Todas ellas estaban bajo las órdenes del
«maestro principal» que hacía las veces de director artístico, responsable, entre otras cosas, del diseño de modelos.

Reconstrucción virtual del edificio de la fábrica
En 2006 se realizó, por primera vez, la reconstrucción virtual del edificio de la fábrica, que incluye las fases de su crecimiento entre 1727 y 1805, según la información que ofrecen las fuentes documentales y el plano realizado, alrededor de 1800, por el intendente José Delgado, máximo dirigente de la fábrica con competencias administrativas.

Puesta en marcha de la producción Para poner en marcha la producción, el conde Buenaventura contrató exprofeso a un reducido grupo de avezados ceramistas provenzales: tres pintores, un modelador y un moldista, comandados por el marsellés José Olerys. Haciendo las veces de director artístico, como se recoge en el Memorial de 1729 este «da las disposiciones y forma dibuxos, istorias y otras cosas primorosas…». También contrató a unos pocos ceramistas españoles y a un escultor de la zona, José Ochando Navarro, como dibujante y maestro de talla, que al principio se haría cargo de la escuela de aprendices.

Ellos se encargaron no sólo de los trabajos productivos, sino también de la formación del grueso de la plantilla, en su mayoría vecinos de Alcora requeridos por el conde. Para la formación de los aprendices, jóvenes de la zona entre 12 y 16 años, se puso en marcha una escuela donde debían aprender especialmente dibujo artístico, cuyo conocimiento era imprescindible para realizar con garantías los delicados trabajos de pintura.

Oficios y cifras de empleo
Además de los empleados en los oficios de la producción de cerámicas, la fábrica disponía de una plantilla destinada a realizar trabajos de mantenimiento y otros: herreros, carpinteros, mineros, leñateros, porteros y «diferentes obligados» para la conducción de materiales y lozas.

Realizada en 1727 la selección entre unos 200 vecinos convocados por el conde Buenaventura, la plantilla se redujo a 126 empleados en 1735, quedando ajustada en los siguientes años a las 100 unidades. A partir de mediados de siglo XVIII, la plantilla aumentó paulatinamente hasta alcanzar casi los 200 empleados en 1763, cifra que permaneció con ligeros altibajos hasta el siglo XIX.

Esculturas 1742-1995: cronología
En 1742, coincidiendo con la muerte de Buenaventura, fundador de la fábrica, su hijo y heredero, Pedro Pablo, X conde de Aranda, introdujo en Alcora la manufactura de esculturas, definidas como objetos exentos tridimensionales
dedicados exclusivamente al adorno,con la excepción de las placas en relieve o aquellas figuras que adornan cerámicas de uso, que también incluimos como tales.

La estética de las esculturas evolucionó durante los siglos XVIII y XIX siguiendo los estilos Barroco, Rococó y Neoclasicismo que, además de presentar diferencias en su tratamiento estético-artístico, sus bases también lo hicieron.

Ambas circunstancias nos facilitan su datación. Sin embargo, es importante señalar que una escultura puede ser vaciada en cualquier momento, con la única condición que se conserve el molde, como a menudo sucede en Alcora.

En consecuencia, en esta exposición se ha elegido un recorrido expositivo teniendo en cuenta la fecha del vaciado, no siempre coincidente con la de su modelado original y su correspondiente molde.

Barroco (1742-1753)
Los primeros modelos escultóricos realizados en la fábrica de Alcora se fabricaron en las postrimerías
del Barroco.
En efecto, a partir de 1742, bajo la dirección artística del escultor José Ochando Navarro, contratado
en 1727, se manufacturaron animales de cuerpo entero y de medio cuerpo. Bajo la dirección artística del escultor Julián López (1711-1792) contratado en 1746 se modelaron, según el Memorial de 1747, «figuras de cuerpo entero hadornadas con frutas, y flores, y con flores solas» y «de medio cuerpo adornadas con flores».

Cabe señalar que estas esculturas, como las anteriores, se posan sobre bases de paredes caladas o «trepadas», que se modificaron posteriormente.

Rococó (1753-1787)
La adopción del Rococó en Alcora hacia 1753, caracterizado por la teatralización elegante y detallista de las figuras representadas, no presentará especiales diferencias en el tratamiento estético con las anteriores del Barroco, si bien en alguna de estas esculturas es visible uno de sus atributos: la rocalla, tanto pintada y/o modelada sobre la propia escultura, como en la base que la soporta.

El representante más genuino del Rococó en Alcora fue el escultor Julián López (1711-1792) que, contratado en 1746, estuvo en la fábrica hasta 1792. López contó, por primera vez desde 1752, con la colaboración de tres «oficiales de talla»: José Vilar, Manuel Mas y, especialmente, Gabriel Andrés, lo que repercutió en un aumento considerable de modelos escultóricos.

Las esculturas de este periodo se caracterizan por asentarse sobre bases tronco-piramidales, a veces estriadas, o que simulan una isleta irregular con rocallas y elementos vegetales en relieve.

Rococo tardío (1787-1858)
Las esculturas que conforman este grupo se caracterizan por estar vaciadas en años posteriores al modelado original de Julián López, puesto que a finales de los años 80 del siglo XVIII se decía sobre su obra que «ha tenido mérito, pero hoy todos sus trabajos se van corrigiendo por ser de un gusto pesado y nada conforme a lo que en el día se trabaja en todas partes». Desde algunos años antes imperaba en toda Europa el Neoclasicismo, que en Alcora se adoptó con algún retraso.

No obstante, las descalificadas esculturas de López convivieron con las neoclásicas de nueva creación. Estas esculturas, que podemos adscribir al Rococó tardío, manufacturadas cuando se había introducido en Alcora la estética neoclásica (1787-1858), se identifican por asentarse, como las esculturas neoclásicas, sobre bases de planta rectangular o circular.

Neoclasicismo (1787-1858)
Caracterizado por la estética clásica grecorromana, los escultores neoclásicos renuncian al exceso detallista del Rococó y adoptan la sencillez y la severidad.

El máximo representante de la escultura neoclásica en Alcora fue Joaquín Ferrer Miñana (1749-1837), sin desdeñar a su hijo y alumno José Ferrer Pardo (1777-1843), especialista en el modelado de bajorrelieves.

Joaquín Ferrer modeló una escultura que representa la lucha de un león atacando a un caballo, firmada y fechada en 1789, sin duda una de las primeras esculturas neoclásicas alcoreñas reproducida, incluso, en el siglo XX. Aunque se le pueden atribuir otras temáticas, sus preferencias fueron el modelado de «luchas», entre las que sobresalen, además, un león atacando a un águila, alegoría de la Guerra de la Independencia, en la que el león tiene el rostro de Juan Martín Díez «El Empecinado» (1775-1825), personaje clave en la contienda contra el francés.

De José Ferrer Pardo se exponen bajorrelieves de influencia clásica, firmados y fechados en los primeros años del siglo XIX.

El toro Farnesio
En el siglo XVI se encontró en Roma una monumental escultura en mármol realizada en el siglo III, copiada del original en bronce de alrededor del año 130 a. C.

Con cuatro metros de altura, representa una famosa leyenda de la Antigüedad Clásica: el suplicio de Dirce, que es atada por Anfión y Zetos a los cuernos de un toro para vengar a su madre Antíope. Conocida como El Toro Farnesio, esta popular escultura se mostró al público en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles en 1828, donde se encuentra depositada actualmente.

Después de ser restaurada bajo la dirección del renombrado escultor Miguel Ángel, esta escultura de la Antigüedad Clásica, sirvió de modelo de algunos grabadores de los siglos XVI al XIX, como el de François Perrier que pudo inspirar la escultura alcoreña que, sin duda, es la más popular de su repertorio aunque, sorprendentemente, no se encuentra anotada entre los modelos escultóricos fabricados en el siglo XVIII ni, tampoco, del primer cuarto del siglo XIX. Es en 1849 cuando vemos anotado, por primera vez, el «Toro Farnés», aunque pudo ser fabricado en 1828 cuando se expuso en Nápoles.

Esta emblemática escultura de tipología neoclásica se podría considerar como la última de las figuras originales fabricadas en Alcora.

Revival (1895-1925)
Entre 1858 y 1895, periodo en que la fábrica fue propiedad de la familia Girona, la manufactura de esculturas fue testimonial.

Es a partir de 1895 cuando utilizando moldes antiguos se inició en la misma fábrica un movimiento revival que perduró hasta 1925. En este periodo, en el que la fábrica perteneció a Cristóbal Aicart Moya, se vaciaron modelos rococó de Julián López y neoclásicos de Joaquín Ferrer Miñana, incluso de su hijo José Ferrer Pardo, que se muestran en un catálogo editado alrededor de 1910.

Epígonos
Tras el cierre definitivo de la manufactura alcoreña en 1944, dos fábricas destacaron en la reproducción de las antiguas esculturas: Ramos y Cia. y la Fundación de Gremios.

La adquisición de moldes por parte de estas dos empresas favoreció la fabricación de un muestrario de esculturas rococó y, sobre todo, neoclásicas. La primera fábrica, propiedad de Severino Ramos y Jaime Bellver, se estableció en Alcora en 1944 aunque su existencia fue efímera, pues en 1948 cerró sus puertas.

La segunda fábrica, la Fundación de Gremios, fue una empresa pública que, instalada en Madrid en 1941, perduró hasta su cierre en 1995.

Textos: Ximo Todolí