lunes, 10 de junio de 2019

NASSIO BAYARRI NOS LLEVA «DE LO COTIDIANO A LO FANTÁSTICO» EN EL MUSEO GONZÁLEZ MARTÍ


Inauguración: 12 de junio, 20 h

Hasta el 15 de septiembre


Nota: Del catálogo de la actual exposición seleccionamos el siguiente texto del profesor Román de la Calle.

UNA MIRADA HACIA LAS CLAVES DE LO FANTASTICO.

Nassio Bayyari
En realidad, un completo recorrido histórico por la obra plástica de Nassio Bayarri (Valencia, 1932) debería articularse metodológicamente, al menos, en torno a tres ejes prioritarios, que de algún modo recogiesen sus tres modalidades básicas de dicción artística --las tres poéticas-- que, escalonadamente y en mutua transición cronológica, han ido definiendo paso a paso el continuado periplo de esos casi cumplidos tres cuartos de siglo de dedicación artística, en la vida de Nassio Bayarri.

En ese sentido, nos referimos, como puede comprenderse, no solo --tras sus inicios-- a las marcadas experiencias expresionistas y también a sus planteamientos constructivistas posteriores, sino muy especialmente a su decidida y dilatada entrega, en favor de esa particular estética del cosmoísmo, que, sin duda, ha quedado directamente adscrita a sus personales aportaciones, caracterizándole de manera definitiva.  

No obstante, hay que tener en cuenta que su conocido Manifiesto cosmoísta (1967) representa, como culminación de las indagaciones plásticas de Nassio Bayarri, un versátil resumen y el consiguiente entrecruzamiento de opciones estéticas plurales, entre las que al menos cabría citar, a vuelapluma, el dilatado poso formativo, que sobre él había dejado tanto el estudio de la escultura clásica, como el interés bien marcado por un organicismo sintético y, asimismo, las evidentes apelaciones abstractas posteriores, además de una especial relectura, quizás muy libre, de ciertas claves cubistas, sobre todo, en sus revisitadas estrategias constructivas.

De hecho serán esas inusitadas y recurrentes formas antropomórficas --directamente sometidas a un particular proceso de abstracción, pero respetando siempre su destacada estructura orgánica-- las que darán paso, como bien han sabido ver numerosos comentaristas y estudiosos de su trayectoria, a un universo distintivo y propio, donde, ante todo, anidarán, de manera sostenida, las persistentes apelaciones a lo fantástico. Y es precisamente a ese mundo, tan especial, al que quisiera, desde estas líneas, dedicar una serie de consideraciones, que juzgo relevantes, justamente en el marco de la producción artística de Nassio.

¿Cómo no recordar, precisamente ahora, aquellas sutiles observaciones de T. Todorov, en su Introduction à la littérature fantastique (1970), cuando matizaba, sin titubeos, que lo fantástico es siempre la inquietante vacilación --l’hésitation-- que experimenta el sujeto percipiente, acostumbrado a no reconocer más que las leyes naturales, cuando se ve enfrentado, de lleno, a un acontecimiento al menos aparentemente extraño o maravilloso?

No en vano, como acertadamente puntualizaba Tzvetan Todorov, al producirse tal enfrentamiento --ante un hecho que no puede explicarse con las exclusivas leyes de ese mundo que nos es familiar-- quien percibe tal intenso acontecimiento debe necesariamente optar por una de dos soluciones posibles: o bien aceptar que se trata de una ilusión de los sentidos, o sea que es un estricto producto de la imaginación, y, en dicho caso, las leyes de ese mundo particular subsisten tal y como son; o bien cabe pensar que el acontecimiento ha sucedido realmente, es decir que es parte integrante de lo que consideramos la “realidad”, y, entonces, esa realidad está perfectamente regida por leyes, aunque, sin duda, nos sean simplemente desconocidas.

En consecuencia, podríamos afirmar, que la vivencia de lo fantástico --le fantastique-- ocupa escuetamente esa secuencia temporal que supone tal vacilación, ya que apenas se ha optado por una u otra de las soluciones indicadas, se abandona efectivamente, a su vez, la dimensión de lo fantástico para entrar, bien sea, en el ámbito de lo extraño --l’étrange--  o en el de lo maravilloso --le merveilleux--. Y son esas tres correlacionadas categorías (lo fantástico, lo extraño y lo maravilloso) las que, en sus mutuos diálogos y juegos de transposiciones, opino que podrían puntualmente aplicarse, según el caso, al análisis del universo escultórico de Nassio Bayarri, surgido a partir de la activa poética del cosmoísmo.

De esta manera, la intensa experiencia de lo fantástico solo dura el tiempo de esa profunda vacilación perceptiva. Vacilación que quizás --permítaseme decir-- debería interpretarse como registro común tanto del sujeto contemplador como del personaje emergente. Ambos están obligados a decidir si aquella situación que generan y, a la vez, perciben, con su encuentro, forma parte o no del campo de la “realidad” existencial. Y Nassio Bayarri ya ha optado claramente con sus positivas respuestas, al enfrentarnos a sus inesperados y plurales personajes, arropados de resonancias cósmicas e instalados, además, en un virtual presente que, sin duda, preanuncia el desarrollo y el ingenio futuro.

Por eso, a decir verdad, la vigencia de lo fantástico suele ser extraordinariamente dependiente, está tocada de contingencia, toda vez que puede desvanecerse en cualquier momento, al hallarse instalada, como hemos reconocido, en la abierta frontera entre lo maravilloso y lo extraño. Se trata de un género artístico --y a su vez de una categoría estética-- ubicado siempre al borde de la evanescencia. Y quizás sea ese su principal atractivo, su fugacidad adscrita a un presente continuo, que fluye y se escapa, de continuo, entre los dedos de la experiencia. De ahí la permanente autoconsciencia que siempre acompaña al universo constructivo de lo fantástico.

Inspirado, sin duda, en sus distintos viajes a USA, efectuados durante la década de los sesenta, Nassio Bayarri queda sorprendido, entre otras cosas, por la efervescencia de la investigación espacial y en esa precisa dirección abre las puertas no solo de su contrastada imaginación, sino también de su efervescente fantasía. Es decir que además de combinar elementos, para articular distintas formas antropomórficas, se lanza a elaborar contextos explicativos y a trenzar argumentaciones, con el fin de mejor confeccionar un mundo de posibilidades expresivas, reguladas por un abierto programa de construcción plástica y legitimadas, asimismo, por un plexo de reflexiones dispares.

Al fin y al cabo, frente al paradigma de la realidad circundante, se trata, en el fondo, de dar cuenta, a través de la intervención artística, de un acontecimiento que, sin duda, representa una clara desviación. No en vano las dimensiones de lo extraño, lo fantástico o lo maravilloso implican paralelamente la copresencia activa de conceptos tales como los de ruptura (Caillois), de conflicto (Vax) o de ambigüedad y de vacilación (Todorov), capaces todos ellos de apuntar la presencia de efectivos tránsitos entre las fronteras y los límites de la realidad.

Pero ¿acaso tenemos, en la práctica, otra realidad que percibir, conocer, interpretar y dominar, al margen de aquel paradigma de realidad que asumimos en nuestra compartida existencia? ¿Y qué es lo que, en resumidas cuentas, constituye y define tal paradigma sino el estado de la ciencia (como conjunto cognitivo) activado en cada momento y la red axiológica (como tabla de valores vigentes) destinada, por su parte, a abarcar y dar sentido a lo real, así como a ordenar y justificar los comportamientos humanos, en relación con dicha realidad y con la existencia de los demás sujetos?

Desde este supuesto teórico, cabría entender que esos ámbitos de lo extraño, lo fantástico y lo maravilloso son los que precisamente determinan e incluso, a menudo, amplían --con su presencia artística-- las frágiles fronteras de ese paradigma de realidad, pues no en vano tanto la ciencia como las redes axiológicas cambian en el tiempo y en el espacio.

Quizás sea ese y no otro el marco donde haya que ubicar explicativamente los esfuerzos de Nassio Bayarri, ya explícitamente apuntados en su recordado manifiesto y activados a lo largo de su producción artística posterior. Pues, no en vano, el estudio de las estrategias formales de la retórica adscrita a lo fantástico no puede, en ningún caso, aislarse del contexto y de la historia en que ellas mismas se producen y desarrollan.

¿Cómo puntualizar someramente y resumir, por nuestra parte, tales procedimientos retóricos, utilizados en una poética de lo fantástico? Sin duda son esos registros los que explícitamente nos interesan en su proyección sobre el efervescente quehacer artístico de Nassio Bayarri y que aquí -en estricto apuntamiento- nos limitaremos brevemente a insinuar.

Es un hecho que en toda construcción, donde se apuntala lo fantástico, se produce una especial ostentación de los procedimientos empleados en el cuerpo mismo de dicha construcción. Es decir se enfatiza el gusto por poner de relieve y hacer explícitos los propios mecanismos de ficción, con el fin de atraer y captar la mirada y el interés del receptor, haciéndole partícipe e implicándole en la historia que, de este modo, se articula.

Con ello se restituye la verdadera función de lo imaginario: la de difundir la práctica y el gusto del extrañamiento, la de restablecer la producción de lo insólito y hacerla pasar por una actividad normal. Al fin y al cabo se trata de llamar la atención sobre la propia práctica del sistema constructivo / lingüístico empleado. Algo que, de hecho, las esculturas de Nassio Bayarri no dejan  persistentemente de llevar a cabo, con suma eficacia.

  Por otra parte, esa ficción narrativa de carácter cósmico, comúnmente, se produce en primera persona. Son los personajes quienes apelan directamente a nuestra respuesta, facilitando el acto de identificación del lector implícito con el lector externo de la obra / texto. No se nos presentan por mediación de una tercera persona. Diríase que prescinden y/o necesitan prescindir de su autor. La seducción, de darse, se efectúa de manera inmediata, a través de la coherencia del posible relato, porque cualquier presencia de carácter fantástico conlleva siempre un plus de narratividad. Sin duda, los personajes cósmicos lo hacen, a la vez que potencian las capacidades proyectivas y creativas de las correspondientes formas, generando así una “realidad” nueva y distinta.

Piénsese que ello implica una especie de tercera vía, gracias a los recursos fantásticos que el lenguaje, con su extenso bagaje --en este caso de carácter plástico-- plantea y desarrolla.

Recapitulemos, pues, que una cosa son los principios de la transparencia y de la transitividad del lenguaje (los cuales afirman que los elementos lingüísticos son instrumentos que, en general, deberían estar dotados de la mayor neutralidad posible y remitir, de este modo, a la realidad denotada con absoluta fidelidad) y otra cosa bien distinta es todo lo que supone el principio de la intransitividad del lenguaje (tan utilizado en el ámbito artístico, como función poética, al afirmar que las palabras no deben remitir sino a sí mismas).

La tercera vía, a la que nos referimos, se abre así entre ambas, al potenciar, como hemos indicado, la fuerza creativa del propio lenguaje pero con el fin de crear una realidad -”otra”- diferente e informativamente novedosa, no de mimetizar lo existente, al socaire del principio de transitividad.

Esa tercera vía --ubicada entre la función poética y la mera transparencia lingüística-- podría ser una eficaz clave interpretativa de aquella familia de formas plásticas, que argumenta y legitima el Manifiesto del cosmoísmo de Nassio Bayarri, como un tránsito de la dimensión de lo cotidiano, de lo familiar y de lo habitual, directamente hacia lo inquietante y diferenciado, e incluso, si se apura, hacia lo inexplicable y perturbador.
Es lo que podríamos determinar como el efecto de umbral o de frontera, básico en las concepciones del viaje, del peregrinar y del descubrimiento paralelo, cuando el encuentro con lo desconocido, tan a menudo, se presenta como incredulidad, es decir como la justificada resistencia que el código vigente impone a aquellas formas de conocimiento que, desplazando sus límites, precisamente lo modifican y transforman.

El umbral entre una dimensión y otra, entre lo idéntico y lo otro, es también, a fin de cuentas, el umbral entre lo que está codificado y lo que no lo está, al menos “todavía”. Y esa fue la curiosa tarea --la aventura personal que propicia y adivina Joan Fuster, en el particular motto que encabeza estas líneas-- que se autoimpuso, ya en la segunda mitad de la década de los sesenta, Nassio Bayarri con su universo artístico.

Finalmente, no queremos dejar tampoco a un lado otras posibles notas --no menos relevantes-- de esa retórica constructiva que le es propia a Nassio, al hilo de este repaso categorial de lo fantástico, que estamos llevando a cabo. Tales son, por ejemplo, sus apelaciones a la teatralidad, es decir su gusto reincidente por una cierta espectacularidad, por la ilusión de lo escénico, como podemos constatar, incluso, en muchos de sus monumentales intervenciones públicas.

En realidad, nunca están ajenos, del todo, los elementos de figuración de esa particular dramaticidad que, por lo común, desarrollan sus personajes. Y bien merecería ser estudiado el recurso a los procedimientos de enfatización de rasgos gestuales y visuales, de colocación para la pose representativa y de puesta en escena.

 Quizás sea ese el camino para poder armonizar el tránsito entre lo fantástico “visionario” y lo fantástico “mental”, que, aunque en otro contexto, agudamente nos propone Italo Calvino. En lo fantástico, posiblemente con particular incidencia, la mirada guía y activa a la mente del observador, para que esta, recíprocamente, acuda en su ayuda cuando las elipsis, siempre al acecho,  menudeen en el zigzagueante decurso de su propio lenguaje.

No en vano, en el conjunto de los textos fantásticos es frecuente toparnos, como de improviso, con la repentina apertura de espacios vacíos, de elipsis en la escritura, de curiosas e inquietantes emergencias de lo no dicho, de la sorpresa ante la carencia y el silencio.

Diríase que es, de algún modo, necesario compensar la riqueza del espectáculo y de sus múltiples asociaciones, sobreentendidos y sugerencias con la irrupción de estrategias de contraposición, de incertidumbre, de dejar entre paréntesis, combinando así, con habilidad, la demasía y la nada.

¿Qué otra cosa implican, en el quehacer escultórico de Nassio Bayarri, esas facciones inexistentes, esos rostros invisibles, esas incisiones transformadas en profundos cortes, ese ocasional quebrantamiento de las formas y de los volúmenes, esas oquedades asimétricas que, tan a menudo, recorren y surcan los rostros / retratos de sus personajes?

 Son, por cierto, signos tan constantes como evidentes de esas metamorfosis, que procura la figura retórica de la elipsis, en sus dispares manifestaciones expresivas, en ese directo encuentro con la fuerza constructiva de sus propuestas plásticas. ¿Cómo no ver, en todo ello, las huellas de esos procedimientos de enfatización y de funcionalización narrativa, unidos hábilmente a las estrategias de la fragmentación, del vacío y del detalle enfatizado?

De esta forma, enigmáticamente, Nassio Bayarri elabora las resonancias de su mundo, utilizando fragmentos de una realidad tan inquietante como diversa e introduciendo detalles geométricos y formales astutamente seleccionados, para dotar de vivaces sugerencias y plurales significados a su personal mitología, la que él precisamente avizora en las huellas y los ecos del cosmos, tras sus soñadas y secretas visitas a la caverna platónica.  

Román de la Calle.




 El Museo Nacional de Cerámica acoge la exposición “Nassio. De lo cotidiano a lo fantástico” comisariada por Carla Alabau, recorriendo el vocabulario e iconografía del artista valenciano Nassio Bayarri (Valencia 1932).

Organización: Museo Nacional de Cerámica.
Fechas: Del 13 de junio al 15 de septiembre de 2019.
Lugar: Salas de exposiciones temporales I, planta baja.