lunes, 27 de mayo de 2019

EXPOSICIÓN FUGAS III DE ANA DONAT EN LA FUNDACIÓN GIMÉNEZ LORENTE




Reportaje de la inauguración, jueves 23 de mayo.

ANA DONAT con Juan Peiró, Comisario de la exposición 
 



 

 
La Fundación  Giménez Lorente, sita en la Universitat Politècnica de València, Escuela Técnica Superior de Ingeniería Geodésica Cartográfica y Topográfica de la UPV nos presenta una nueva entrega del proyecto que lleva realizando ANA DONAT desde el año 2012.  En FUGAS III, Comisariada por Juan Peiró, encontramos una selección del proyecto artístico de investigación, Territorios Periféricos realizados hasta la fecha. Botánica, Cartografía y territorios usurpados a la Naturaleza.

Nos comentaba Ana Donat “…La creación artística cada vez más se nutre e interrelaciona con otras disciplinas aparentemente dispares entre sí. Empecé estudiando Psicología y al mismo tiempo desarrollaba inquietudes artísticas. Siempre he sido una observadora voraz de todo lo que me rodea, del comportamiento humano y de las estrategias de supervivencia, adaptación y desarrollo de otros seres vivos. La fascinación por la naturaleza me viene de lejos. La botánica, la ecología, las relaciones que se crean entre diferentes organismos y su medio, los procesos de adaptación de las plantas, porqué crecen en unos sitios y no en otros, qué hace que una especie o varias coincidan y se desarrollen en diferentes zonas. Qué significa que sean precisamente esas plantas las que aparezcan primero como sostén de otras después de un incendio o tras el deterioro y degradación de un paisaje por la mano del hombre”.

La preocupación por el medio natural, lo traslada Ana Donat a su trabajo a través de un mensaje de alerta ante la usurpación y el despilfarro de los recursos naturales por el ser humano. Reflexiona sobre los actos de violencia que ejercemos de forma diaria sobre el entorno y en consecuencia sobre nosotros mismos... En este nuevo proyecto en curso “Territorios Periféricos” Ana Donat utiliza de nuevo la botánica. Hace un itinerario periférico alrededor de la ciudad, a través de su botánica y de sus elementos constructivos y paisajísticos. Y si...la destrucción, la degradación y la fealdad aparente albergan belleza. Observa la vegetación espontánea la que crece en esos espacios degradados, esa flora humilde, esas mal llamadas malas hierbas, poco llamativas en un primer vistazo, creando ejércitos combatientes defendiendo su territorio.

En este viaje periférico, Ana Donat recupera tesoros que apenas percibimos, lugares abandonados, huellas industriales olvidadas, paisajes en ruinas, restos arqueológicos de dudosa cronología (como dice Joaquín Jara, artista) como son restos de plásticos de un vivero abandonado, tejas rotas de una vieja alquería y cubiertos en cajones desvencijados, fragmentos de acequia, documentación como pasada por una guerra nuclear, pruebas y restos de despilfarros orgiásticos a costa del ciudadano... pero también tesoros botánicos, pioneros y combatientes en esos nuevos lugares, vegetación cuya presencia juega un papel importante en la preservación de su ecosistema de la misma forma que cada uno de nosotros y nuestras construcciones son piezas clave en el nuestro (vital y cultural) Recorro las huellas y paisajes industriales, las huertas abandonadas, las playas invadidas, los descampados, los terrenos baldíos, los vacíos urbanos, los paisajes periféricos humanos, materiales y vegetales, sus sonidos y texturas y esa belleza intrínseca que los habita.

Los barrios periféricos sufren de verdad cuando hay muchas propiedades vacías o en ruinas, ocasionando con el tiempo, una espiral de decadencia. Encontramos lugares abandonados, la mayoría en las zonas de periferia urbana, bordeando las ciudades, muchos quedan entregados a la naturaleza, como una presencia que es una ausencia, un cadáver de la construcción condenado a la descomposición. Estos lugares de nadie, tienen una gran capacidad de evocación: el silencio de su abandono contrasta con los sonidos crujientes de nuestras pisadas al adentrarnos en ellos y es entonces cuando la naturaleza originaria se muestra, colonizándolo todo de nuevo.

Al cruzar a ese territorio despreciado, uno no sabe qué va a encontrar, y eso hace todavía más atractiva su dejadez y decadencia, la historia que allí reposa, la emoción que transpira, en un conjunto de contradicciones entre lo bello y lo obsceno. Para algunos, estos lugares simplemente no existen, sólo son referentes, entre su casa y otra ubicación, son como un pañuelo de papel desechable, usado.