martes, 5 de marzo de 2019

JUAN DOWNEY EN ESPAI VISOR



Hasta el 22 de marzo

El observador observado. Juan Downey: compartir la alteridad.

C/ Carrasquer, 2

Comisarios: Nuria Enguita y Nacho París


Sólo si abordamos la tecnología como ecología podemos subsanar la división entre nosotros y nuestras extensiones. Necesitamos poner buenos instrumentos en buenas manos, y no rechazar todos los instrumentos solo porque se han utilizado mal en beneficio de unos pocos.

Radical Software. vol.1, núm. 1. 1970

El discurso estético debe parecer una hipótesis (no necesita pruebas), o convertirse en un símbolo que se sostendrá aún en la ausencia del enunciador. La obra de arte no necesita un descodificador: cada receptor interpreta y recrea.

Juan Downey. Tayari. Jueves 10 de marzo de 1977

Cuatro grandes peligros (entre otros) nos amenazan: el primero; la separación entre el hombre y la naturaleza que, a través de la instrumentalización de las potencias de la tecno-ciencia llevada a cabo por el capitalismo y su noción de progreso, anuncia la destrucción de la vida misma. El segundo; la mirada distante ejercida sobre “el otro”, germen de la insolidaridad, que en su distancia y extrañeza imposibilita la comunión con la alteridad, la comprensión de un “nosotros global”. El tercero es el control vertical de aquello que podríamos llamar tecnologías para la construcción de la verdad o sistemas de representación de la realidad (medios de comunicación, centros de enseñanza, instituciones para el pensamiento y la investigación, …); control que, proponiendo una interpretación única y dominante, estrangula la posibilidad de difundir la diversidad de voces, de miradas, de ideas que nos ofrecerían una visión plural y compleja de la realidad. El cuarto peligro es el declive de la imaginación política que ha ido minando el pensamiento utópico hasta el extremo de hacernos incapaces de proponer un futuro esperanzador. Hoy el futuro solo es imaginado como una pesadilla, como una distopía. Estas cuatro amenazas están cuidadosamente imbricadas por los intereses económicos, el desarrollo tecnológico y determinados paradigmas culturales. La extraordinaria vigencia del trabajo de Juan Downey proviene, en nuestra opinión, no solo del notorio lugar que ocupa en la historia del arte contemporáneo –en tanto que figura singular en el tránsito del arte objetual al arte de la experiencia, pionero del video arte, del arte tecnológico e interactivo, y figura contracultural, de los años sesenta y setenta– sino también (o quizá más) por su capacidad para enfrentar semejantes amenazas desde el frágil dominio del arte.


En 1998 (hace ahora veinte años) el IVAM llevó a cabo la primera retrospectiva europea del trabajo de Juan Downey. Desde entonces han sido escasas las posibilidades que ha tenido el espectador europeo volver a contemplar su obra. La exposición que en espaivisor se lleva a cabo se compone de fotomontajes y dibujos producidos todos entre 1976 y 1978 y de dos videos: The Abandoned Shabono (27 min., 1978) y The Laughing Alligator (28 min., 1977) filmados entre noviembre de 1976 y mayo de 1977, cuando Juan Downey convivió principalmente con las comunidades yanomami de Bishassi y Tayari, dejando como testimonio mas de cuarenta horas de grabación y cientos de fotografías y dibujos –producto, esto últimos, de la intersección entre sus propias meditaciones y la cosmología indígena–. espaivisor nos propone una mirada sobre un periodo muy concreto de la extensa producción artística de Downey, pero central en su trayectoria y que ilustra claramente uno de sus intereses fundamentales: generar, con el video como recurso, una interacción entre culturas desde una perspectiva holística y antropológica. Voluntad definida ya en las series Video Trans Americas, un proyecto anterior que llevó a cabo en tres viajes desde Nueva York hasta América Central y del Sur, entre 1973 y 1976 y en el que se propuso reproducir una cultura en su propio contexto y en el de otra, intercambiando información filmada, y editando todas esas interacciones en una sola obra de arte.

Downey, que fue plenamente consciente de la condición de acto político que tenía su trabajo y del riesgo de apropiación y explotación que poseen el arte y la antropología como sistemas de representación (de ahí su voluntad de convivencia en términos de igualdad), concibió The Abandoned Shabono y The Laughing Alligator desde una particular suerte de etnografía experimental. Una etnografía utópica, lúdica y crítica, con la voluntad declarada de actuar como “comunicante cultural”, articulando formas de vida y cosmovisiones indígenas, experiencia personal, autorreflexión y tecnología, en un encuentro horizontal de lenguajes, culturas y cuerpos, donde el mirar y ser mirado eran mutuos en virtud de la consideración del video desde sus posibilidades especulares, produciendo, para el intercambio, una imagen-reflejo tanto de sí mismo como de los yanomamis. Downey se plantea los prejuicios éticos y epistemológicos inherentes a la representación visual y etnográfica y, desafiando la objetividad, autenticidad y universalismo del paradigma etnográfico y de la visión documental, propone una interrogación ontológica formulada desde la crítica al primitivismo; tanto del que le es propio a la mirada colonial, que cosifica al otro y lo convierte en espécimen (mudo) o icono; como del que lo idealiza en tanto que auténtico y primigenio.

Sin duda el valor de la obra de Juan Downey podríamos situarlo tanto en el hecho de que aborda cuestiones que después serían centrales en el discurso crítico, las políticas de la identidad, por ejemplo, como en su deconstrucción de la objetividad documental, que hoy es básica en la producción de cine y video, o en su fértil experimentalismo en el uso artístico de las tecnologías. No obstante, dado que hemos perdido la capacidad de imaginar la ciencia y la tecnología como un puente entre el hombre y el mundo, como una posibilidad de sinergia y reconciliación, de potenciación de las posibilidades de uno en otro, quizá debiéramos mirar su trabajo apreciando especialmente ese empeño sistémico en construir un discurso poético y utópico desde una ética, o una filosofía ecológica de la técnica y la ciencia. Un trabajo que propone desmantelar la hegemonía unidireccional de la mirada occidental, renegociar las relaciones de poder entre observador y el observado, y finalmente restituir la relación del hombre y la naturaleza a través de una concepción liberadora de la tecnología.