sábado, 2 de febrero de 2019

89-19. ESPACIO CONSTRUIDO · RETROSPECTIVA DE JESÚS ZUAZO EN EL MUSEU DE LA UNIVERSITAT D’ALACANT


Hasta el 7 de abril

Jesús Zuazo Garrido nos habla de «El espacio construido». Desde el inicio de mi carrera pictórica he tenido una especial tendencia a centrarme en las cuestiones espaciales y compositivas antes que en cualquier otro aspecto; esto me llevó enseguida a tener conciencia de la extrañeza que me producía pintar sin saber muy bien en qué tipo de lugar o espacio se desarrollaban los sucesos y asuntos que iba pintando. Lo que al principio era una extrañeza terminó por convertirse en una incomodidad manifiesta por no ser capaz de definir esos espacios que utilizaba de manera intuitiva o imitativa respecto de otros espacios usados habitualmente pero que no sentía como propios. En el catálogo encontramos textos del comisario de la exposición  Juan A. Roche Cárcel, y los de Miguel Cereceda, José Saborit, Isabel Tejeda y el propio Jesús Zuazo.







Autorretrato en el estudio.
Acrílico_tela. 55x46 cm.  1989
Durante toda mi etapa figurativa traté de explorar nuevas posibilidades narrativas a través de la yuxtaposición de distintos espacio-tiempos en un mismo espacio contenedor, dándome cuenta entonces de que la unidad de las obras resultaba un asunto de difícil resolución o decididamente sin solución, al menos las soluciones que yo encontraba no me convencían en absoluto como para seguir esos caminos. Esto unido a las limitaciones compositivas y de significado de la figuración de origen fotográfico que yo utilizaba fueron el detonante de mi abandono de esta y el comienzo de la exploración de la abstracción.










El valor del tiempo.
Acrílico_madera. 150x170cm.  1994
Así, con el fin de alcanzar un mayor grado de libertad en la composición y liberar a las formas y colores de significados no deseados, inicio mi trayectoria en la pintura abstracta.

Lo primero que hice fue centrarme en los elementos plásticos esenciales de uno en uno para analizar su función y utilidad a la hora de construir el espacio. Más adelante fui incorporándolos poco a poco en la realización de las obras dándoles toda la autonomía posible a cada uno de ellos y dejando que se expresaran juntos, por separado, o a la vez.

Junto con el análisis de los elementos gráficos fundamentales había que enfrentarse al más esencial de todos, el espacio, ¿qué tipo de espacio tenía que utilizar?, y ¿ qué características tenía?



El juego. 1996.
Acrílico_tela. 200x200 cm
Cuando en pintura hablamos de espacio nos estamos refiriendo a ese lugar de la representación donde suceden los acontecimientos o se representan escenas, cosas, símbolos, etc. El espacio clásico imperante hasta principios del S.XX, es el espacio euclideo, que se aplicaba gracias a la matemática clásica utilizada en el arte y en la técnica de la perspectiva en el Renacimiento.












En los inicios del S.XX aparecen dos nuevas formulaciones del espacio que son el cubismo y la abstracción.

Paisaje iluminado.
óleo_tela. 50x65cm. 1997
Estos dos últimos nuevos tipos de espacio dan pie al desarrollo de nuevas teorías que permiten que la representación pictórica amplíe su campo de acción. Así nacen el Neoplasticismo, Constructivismo, Expresionismo Abstracto, la Abstracción Lírica o el Informalismo. Esto da como resultado una, en principio, ampliación de posibilidades pero paradójicamente se produce al poco una reducción de las opciones expresivas y compositivas puesto que el espacio que se adopta casi unánimemente es el espacio plano en todos ellos, anulando no solo la perspectiva cónica tradicional sino también la atmósfera, la representación del “aire” y la luz que habían sido parte fundamental de la pintura hasta ese momento, siendo tachados estos recursos de ilusionistas y rechazados por pintores y crítica. 


 Polonio. 1
Acrílico_tela. 95x160 cm. 2001
El espacio pictórico se convierte en un muro o en el mejor de los casos en algo indefinido en el que flotan colores y formas. La pintura abstracta queda recluida en la experimentación plástica “pura” y se le niega el derecho de representación de la realidad, por ello se convierte en un lenguaje que habla de sí mismo sin posibilidades, o con muy restringidas posibilidades de comunicación con el mundo. Las leyes que habían regido lo visual hasta entonces son dejadas de lado y la pintura deja de ser comprendida por la mayoría, ya que no se basa en leyes físicas del mundo real tridimensional que tenemos grabado en nuestro sistema perceptivo visual desde milenios y es en el mejor de los casos aceptada como una simple decoración por el espectador “normal”, sin conocimientos de arte, se entiende. A pesar de que algunas de las pinturas abstractas sí emplean sistemas de perspectivas no euclídeas, como son aquellas de la psicología de la percepción, estas no son suficientes para crear un espacio unitario de representación, sino únicamente para reconocer la tridimensionalidad de las formas.



Contínuo(dúos).
Acrílico_tela. 200x200cm. 2002
Así que básicamente me encuentro en una situación similar a la que tenía con la figuración, una indeterminación del espacio pictórico, o si se quiere una aceptación de que el muro es el único espacio posible para el ejercicio de la pintura en la actualidad, y además sin la posibilidad de la aplicación de las leyes de la física. La sensación de que todo un sistema está sujeto a las mismas leyes y es comprendido en su totalidad como sucedía en el clasicismo, ha sido imposible en la abstracción hasta la actualidad. Solo se nos permite, o una relación estética, o una relación intelectual con la pintura pero no una relación de reconocimiento de las sensaciones naturales en las obras, ya que al adolecer estas de objetos con peso, luz, tridimensionalidad en profundidad con modelado etc.., la sensación de extrañamiento y poca o nula vinculación a lo representado, reduce la afectividad y empatía del espectador con la obra. En resumen, el espectador no siente que esos mundos propuestos tengan vinculación con lo real y tiende a rechazar mayoritariamente las obras, como algo abstruso y sin sentido.

A mi entender ese muro o espacio indeterminado privado de leyes físicas perceptibles y utilizando únicamente ciertas técnicas de la psicología de la percepción, restringen la libertad del pintor de manera severa reduciendo la práctica pictórica a una más o menos hábil reestructuración del espacio plano, a la “gracia” de unas pinceladas o a campos de color con formas limitadas para adaptarlos al plano.
Black I. Foam. 130x193 cm.
escultura 2009
Cuando fui consciente de estas limitaciones mi objetivo prioritario fue dotar a la pintura abstracta de la versatilidad discursiva de la pintura clásica figurativa o, al menos, acercarme a sus posibilidades de expresión. Para llegar a esa libertad de representación temática, la abstracción debe superar el concepto de muro contenedor para convertirse en algún tipo de espacio diferenciado y con reglas que rijan el comportamiento de los elementos plásticos y les permitan moverse con autonomía y con un grado suficiente de pertenencia a dicho espacio como para que parezcan ser parte de él y a la vez poder salir del mismo y “habitar” otros nuevos con la misma coherencia formal con la que el espacio euclideo lo hacía. Así la autonomía no debe significar extrañeza, sino un grado de individualidad que permite a las formas tener un papel dentro de un discurso general. La búsqueda de un espacio con esas características es el motivo de mi trabajo; en ello llevo implicado de una u otro manera desde que tengo conciencia de qué significa pintar o representar sobre un plano bidimensional imágenes o formas que nos permitan expandir nuestra conciencia sobre nosotros mismos y nos permita imaginar otras realidades, o descubrir aspectos desconocidos de esta etc. Un espacio lo más expandido posible en el que quepan todos los sueños y pensamientos.