viernes, 18 de enero de 2019

«VULNERABLE» de ELENA MARTÍ EN EL ESPAI D’ART CONTEMPORÁNI DEL CORTE INGLES


Calle Colón 25 - 5 planta

Elena Martí nos presenta «VULNERABLE» en el Espai d’Art Contemporáni del Corte Inglés Comisariada por Ricard Silvestre en colaboración con el Equipo del Centro de Documentación de Arte Contemporáneo Román de la Calle, la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos y el Corte Inglés

En palabras de Román de la Calle Catedrático de Estética y Teoría del Arte de la Universitat de València,  “La muestra de Elena Martí, en el espacio de Ámbito Cultural, es un juego de sensibilidades plásticas en frente de la naturaleza. Claro que la naturaleza es vulnerable... irremediablemente vulnerable. Pero también está llena de poesía, recuerdos, organicismo, detalles, fuerza y ​​memoria vivida... desde las miradas convertidas en toda una serie de mundos artísticos. Es la fuerza de la mirada la que descubre sensibilidades acumuladas, emergentes y plurales a nuestro alrededor natural... Una visita obligada, para desarrollar un montón de experiencia...”

Foto de Mª Dolors P. Molina
Tal y como asegura en el catálogo de la exposición Empar Polanco, hasta llegar a lo que conocemos como contemporaneidad, el arte ha pasado por una serie de transformaciones complejas. Ha tomado caminos diversos dentro de lo que se conocía como arte, y también nuevos, dejando de lado algunas de las formas tradicionales. A partir del siglo XX, con las vanguardias y la llegada de la posmodernidad, las bases de la cultura occidental estarán arraigadas al sistema capitalista, a una visión lógica del mundo orientada al futuro y a la producción en serie con el convencimiento del control total sobre la naturaleza. Romantizando la tecnología y adaptándonos a las máquinas, la organización de la forma será geométrica, con bordes definidos y pulidos, como una caja rectilínea hecha de materiales artificiales: un mundo laico y desvinculado de la espiritualidad.

Sin embargo, en contraposición a estos valores, que en muchos aspectos son positivos, pero que, por otra parte, nos alejan inevitablemente de la naturaleza y sus procesos, encontramos la obra que nos presenta Elena Martí. Una obra donde esta actualidad no desaparece, pero queda quizá en segundo plano y en la cual toman protagonismo otros valores más espirituales, más reales, ligados a una manera de crear y entender la mutabilidad de los cuerpos a través de una estética que nos enseña la evanescencia de la vida, ofreciendo imágenes que nos proponen la contemplación de nuestra propia mortalidad. Elena Martí nos expresa todo esto a través de sus obras plásticas, pero también lo refuerza con palabras e ideas que nos guían en este estado de reflexión.

Esta mirada está muy vinculada con antiguos valores orientales, concretamente japoneses, en cuyo ámbito la belleza está en las cosas imperfectas, mudables e incompletas; en las modestas y humildes de lo no convencional. A grandes rasgos, esta cultura nos habla de un modo de vida que nos provoca un sabor agridulce: triste, por la vulnerabilidad de los cuerpos, a la vez que consciente de que este es el mismo destino para todos, y que las señales son el resultado de las vivencias. Esta sabiduría, que da grandes pinceladas en la obra de Elena, también sigue vigente en artistas contemporáneas orientales como la fotógrafa Miyako Ishiuchi (1947), quien ha retratado cicatrices como acontecimientos visibles, como registros del pasado, como el modo en que el tiempo se graba en las cosas y en la gente, muy en paralelo a la obra que nos expone nuestra artista.

En este paseo descubrimos que los materiales de las obras están llenos de significado, donde sus cualidades sugieren el proceso natural, irregular, sin pretensiones. Crea una metamorfosis de color y textura de los hilos de alambre, del hierro y del óxido de ambos, que dejan su huella en el papel como una cicatriz en la piel. Ya no existe una jerarquía normal del valor material relacionado con el coste. El papel reciclado, la corteza de un tronco, las ramas y hojas encontradas toman el protagonismo cagadas de valor intrínseco. Estos se acondicionan a la degradación y al deterioro, la corrosión y la contaminación, abriendo una ventana a la reflexión a partir de las sensaciones que nos ofrece la obra a la que nos enfrentamos.

Enfrentarse es el término que más fino hila a la hora de hablar de la obra de esta artista. En una primera vista se puede admirar una obra agradecida, bella, cálida y que retrotrae a cada espectador a un paisaje visto en el pasado llamando, directamente, a la memoria. Elena nos propone una visión positiva de todo esto a fin de hacernos conscientes de las cicatrices y aprender de ellas, para sentirnos fuertes dentro de esta nuestra realidad finita:
Esta exposición es un recorrido a través de los materiales recolectados en el camino y los paisajes que se transforman vulnerables a los efectos del tiempo, testigos de su uso y su abuso. Raíces, troncos, semillas… registran el sol, el viento, la lluvia, el calor, el frío… mudables al paso del tiempo, afrontan la vulnerabilidad y se hacen resistentes.

A través de estas palabras nos invita a adentrarnos en este modo de ver el pasado, presente y futuro: las heridas, señales y huellas según su propio lenguaje. Con la mayoría de obras originales para esta exposición crea un camino de semillas, raíces y troncos, como una deconstrucción del paisaje final que acaba y empieza en lo que conocemos, en la totalidad de la vida, tan bella y cruda al mismo tiempo.