miércoles, 5 de diciembre de 2018

«MANUAL DE SABOTAJE» EN LA GALERÍA PUNTO DE VALENCIA


Equipo Realidad + José Luis Puche + Ana Ciscar
Galeria Punto de Valencia


Hasta 31/12/2018 · GALERÍA PUNTO · Burriana 37 · 46005 · Valencia

Crítico invitado: Fernando Gómez de la Cuesta.

“Quien controla el pasado, controla el futuro y quien controla el presente, controla el pasado”[1]
 

 

“Manual de sabotaje” es un nombre extraño pero revelador para una exposición de pintura, un título que apela directamente a ese tipo de libros en los que se recoge lo sustancial sobre una determinada materia, esos manuales que seleccionan y almacenan la historia (una de las posibles historias) contada desde el poder y transmitida por las universidades, institutos y escuelas. “Manual” también se refiere a la manufactura táctil y física de una pintura de resistencia en una era donde el nuevo adoctrinamiento reside en esa red de redes llamada Internet, un canal global, desmaterializado, digital, de apariencia insondable, pero no exento de un control que se encarga de transmitir, de forma abusiva, las genealogías clásicas (aunque perfeccionadas) del poder dominante.[2]

La palabra “sabotaje” es la que introduce el carácter distópico en este proyecto, la que plantea la necesidad de activar el cambio desde este presente que, cuando fue futuro, imaginábamos de otra manera. Los artistas y los gobiernos, parafraseando a Orwell, saben que quien controla las imágenes ostenta el poder,
[3] y es precisamente en ese punto de fricción entre la libertad del creador y la estricta vigilancia de las instituciones, entre la censura, lo oculto y lo que ha sido ocultado, entre lo destruido y lo iconificado, entre la historia convencional, la realidad material y la apariencia de realidad con la que nos engañan constantemente,[4] el lugar desde el que se inicia la elaboración de este compendio de acciones de ataque, contraataque y defensa: de este auténtico manual pictórico de sabotaje, disidencia y resistencia. 

La selección de obras y artistas de “Manual de sabotaje" también tiene una tensión historiográfica que consuma su estudio de las fuentes, de las tradiciones y de las influencias entre las diferentes generaciones que componen la propuesta. El análisis de la transmisión de los relatos por medio del arte, su supeditación o no al poder y la creación de los iconos, de los anti-iconos y, en definitiva, de las imágenes que componen ese acervo visual y cultural que va conformando la historia, son uno de los objetivos más evidentes de esta investigación. Equipo Realidad (1966-1976), José Luis Puche (Málaga, 1976) y Ana Ciscar (Valencia, 1993) muestran algunos de esos flujos donde la semilla de las imágenes germina y va extendiendo sus ramas, esos itinerarios recorridos desde perspectivas tan diferentes como las que marcan sus contextos personales y sus experiencias, pero que, sin duda, mantienen relaciones evidentes entre ellas.
[5]

 

“Lo que nos interesa no es la realidad sino su imagen”
[6] es una frase de Equipo Realidad que podría servirnos como uno de los statements del presente proyecto. Este colectivo de artistas extendió su trabajo durante una década tan abrupta como la que marcó el final de la Dictadura en una España pre-democrática. Comprometidos con la situación social, económica, política y cultural, aplicaron una crítica de línea marxista para denunciar el régimen franquista desde formalizaciones de carácter pop que, en muchas ocasiones, parecían entrar en contradicción con los temas tratados, cuando, en realidad, conseguían hacer más efectiva la invectiva. Las tres piezas que se han seleccionado para “Manual de sabotaje” sitúan, de alguna manera, las bases del discurso anti-historicista y no-lineal de la propuesta: “Brigadas internacionales” (1973), “La Sierra de Caballs bombardeada por la tropa” (1973) y “Alcázar de Toledo” (1974). Sujetos, contexto y símbolo, el poder de las imágenes y su subversión, el icono revertido, la narración de la historia reinterpretada a partir de los mismos protagonistas, los mismos paisajes y los mismos signos. La Guerra Civil examinada de manera dialéctica y valiente durante el gobierno dictatorial, censor y represor de quién la ganó. Una vía opuesta de construir una historia que es múltiple, contradictoria con el poder, pero en la que ambos emplean (casi) la misma imaginería, (casi) la misma iconografía. 

El Equipo Realidad fue uno de los pioneros, desde el arte contemporáneo de nuestro país, en la reivindicación de la situación de la mujer en la sociedad. Ese es, precisamente, el tema de investigación que José Luis Puche ha escogido para esta exposición, examinando los símbolos clásicos, patrones de comportamiento, clichés y estereotipos de lo masculino y lo femenino, para darles la vuelta desde la ironía, la descontextualización y recontextualización en ámbitos ajenos, incluso sutilmente hostiles, que revierten el sentido de los iconos elegidos, en ocasiones desactivándolos, en otras ridiculizándolos y en otras enfatizándolos. Puche asume que la imagen es uno de los agentes más poderosos para activar el cambio y decide emprender un camino que logre impulsar esa evolución a partir de la modificación, resignificación y reclasificación de los símbolos de los que habitualmente nos servimos. Su “Neocastizo sumergido” (2018) se refiere al casposo machirulo que objetualiza y cosifica a la mujer, mientras que su “Mujer torpedo” (2018) y su “Mujer laureada” (2108), encarnan a dos féminas empoderadas que usurpan dos representaciones que, convencionalmente, siempre habían sido protagonizadas por hombres
[7]. El artista opta por emplear como base de su intervención pictórica imágenes que nos remiten a la primera mitad del siglo XX, para hacer más efectiva su crítica y dejar en evidencia que, desde el poder de las imágenes y su transformación, se pueden y se deben cambiar las cosas. 

 




Por último, Ana Ciscar, plantea un sugerente proyecto en el que analiza la destrucción de obras de arte como expresión del propio poder de las mismas. Solo se ataca lo que se teme y matar una imagen, de alguna manera, es hacerla revivir multiplicada y desprendida de la materialidad que la anquilosaba. Esa trascendencia metafísica de las imágenes, que puede ser una de las expresiones más flagrantes de su aura, de su magia, del poder transformador que atesoran como transmisor de ideas, de conocimiento y de experiencia, como ídolo y fetiche[8], es el que se recoge en los relatos que desarrollan las piezas de la serie “Items of Importance Surrounding Destruction” (2018) que componen esta exposición. Historias de obras de arte acuchilladas, devastadas, bombardeadas, saboteadas, desde el poder y desde el contrapoder, como forma de situar el foco sobre una cuestión, de agredir a ese contendiente para el que la imagen representa algo, por propiedad, por ideología, por valor. Para ello, la artista, apela a recursos formales como el collage de impresiones o fotocopias de aquellas primeras obras profanadas, un sistema que le permite manipular, a veces agredir, recortar, rayar o rasgar el papel, convirtiendo la pieza en una nueva (y bella, y fragmentada) ruina, mientras emplea recursos pictóricos que despistan sobre su posible origen fotográfico, enmascarando la imagen y confundiendo sobre su reproductibilidad. Una forma de (auto)censura, de nuevo un ataque sobre lo que ya había sido destrozado, y todo para dejar en evidencia la importancia insuperable de la imagen y de lo imaginado.


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[1] George Orwell, 1984, Lumen, Barcelona, 2014.

[2] “Pero ahora, en cierto modo, la globalización y la virtualización están inaugurando un tiempo universal que prefigura una nueva forma de tiranía”. Paul Virilio, “Velocidad e información. ¡Alarma en el ciberespacio!”, Le monde diplomatique, París, agosto, 1995.

[3] “La mayoría de las sociedades del pasado exigían del artista que reflejara los conceptos de verdad y moralidad de la época, el artista egipcio, por ejemplo, tenía que reproducir un prototipo claramente preestablecido; el artista cristiano tenía que ceñirse a los dogmas del II Concilio de Nicea a riesgo de ser excomulgado, o, como los monjes de época iconoclasta, trabajar bajo constante amenaza y en la clandestinidad (…) la autoridad formulaba las reglas y el artista obedecía (…) para que al artista se le permitiera practicar su arte, tenía que someterse a estas reglas o aparentar sumisión a ellas”. Mark Rothko, La realidad del artista. Filosofía del arte, Síntesis, Madrid, 2004, p.46.

[4] “Día tras día, somos testigos de la desaparición o relegación de acontecimientos reales que, manteniendo las apariencias de lo real, son, de entrada, objeto de unas manipulaciones que niegan la realidad misma”. Gillo Dorfles, Falsificaciones y fetiches, Ediciones Sequitur, Madrid, 2010, p.16-7.

[5] “El narrador toma lo que narra de la experiencia; la suya propia o la transmitida. Y la torna a su vez en experiencia de aquellos que escuchan su historia”. Walter Benjamín, “El narrador”, Iluminaciones IV, Taurus, Madrid, 1991, p.115.
[6] Javier Lacruz, Equipo realidad (Jorge Ballester/Joan Cardells), 1966-1976, Mira editores, Zaragoza, 2006, p.365.

[7] “El género es un conjunto de roles culturales. Es un disfraz, una máscara con la que hombres y mujeres bailan su desigual danza”. Gerda Lerner, The Creation of a Patriarchy, Oxford University Press, New York, 1986. 

[8] “Lo sagrado es, por definición, aquello que no podemos ver, aquello que no debe ser visto. Lo profano, en cambio, es lo común, la experiencia de vida cotidiana. Sin embargo, hay puntos en los que las dos experiencias se entrecruzan: el momento en que la realidad es trascendida, transformada en algo diferente, algo que explica nuestras alegrías y nuestros miedos, algo que transforma la realidad banal en una experiencia espiritual. Esto es, sin duda, el misterio que Baudrillard ha definido como “la irreverencia divina de las imágenes”. Simon Njami, “La irreverencia divina de las imágenes”, Bamako 03. Fotografia africana contemporània, CCCB i Institut d’Edicions de la Diputació de Barcelona, Barcelona, 2004, p.126.