jueves, 20 de diciembre de 2018

DE AYER A HOY, 250 AÑOS DE LA REAL ACADEMIA DE BELLAS ARTES DE SAN CARLOS EN LA NAU


       Centre Cultural La Nau, Sala Acadèmia UNIVERSITAT DE VALÈNCIA.

       Hasta el 17 de febrero de 2019

Comisariado por Manuel Muñoz Ibáñez y Román de la Calle

Joaquín Bérchez Gómez, Eurídice desciende definitivamente al mundo de los muertos,
Palacio de la Minería. Ciudad de México. 2007 © Joaquín Bérchez
En el año 1754, un grupo de artistas valencianos, asumiendo el espíritu de la Ilustración, decidieron reunirse para crear una Academia de Bellas Artes, con la finalidad de sistematizar la enseñanza de las distintas disciplinas que, hasta el momento, se seguían desarrollando en los talleres y en los obradores. Así, crearon una inicial institución, que se llamó Academia de Santa Bárbara, en honor a D.ª Bárbara de Braganza, esposa del rey Fernando VI. Este proyecto inicial tuvo una vida muy corta, habida cuenta de que las necesidades para su mantenimiento no pudieron ser cubiertas ni por las corporaciones locales ni, tampoco, por la sociedad civil.

Antonio Martorell, Projecte de reconstrucció façana lateral Universitat Literaria de València, 1886

José Vergara Ximeno, Autorretrato
Unos años más tarde, los mismos artífices de la idea primigenia, entre los que se encontraban el pintor José Vergara, e Ignacio, su hermano, el escultor, retomaron la iniciativa y se dirigieron a la recién creada Real Academia de San Fernando de Madrid, para recabar su apoyo y mediación, a fin de que el rey Carlos III pudiera sancionar unos estatutos que les permitieran una estabilidad mayor y propiciaran su utilidad docente. Tras prolongadas gestiones, que incluyeron la aprobación de la idoneidad del profesorado, el 14 de febrero de 1768, el monarca aprobaba la creación definitiva de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, cuyos espacios docentes se ubicaron en este mismo edificio de la Universitat Estudi General, y en esta misma sala, que desde entonces se sigue llamando “de la Academia”.






Rafael Esteve Vilella, Las aguas de Moisés. (La sed -libro invent)
Las enseñanzas incluyeron diversas materias, llamadas Estudios Menores: Principios y Estampas o Primeros Rudimentos, y los Mayores: Pintura, Escultura, Grabado y Arquitectura, incluyéndose desde 1784 una nueva disciplina: Dibujos de Flores y  Ornatos Aplicados a los Tejidos, orientados a la confección de modelos destinados a la industria sedera, en aquel entonces de gran importancia para la economía valenciana,  con la finalidad de evitar la importación de modelos extranjeros, permitiendo la consiguiente reducción de costes. 

Paralelamente, la nueva institución fue acumulando un extenso patrimonio artístico, procedente tanto de las piezas de sus profesores y alumnos como de las donaciones de los valencianos, que hallaron en ella el espacio idóneo para salvaguardar sus obras. Unos años más tarde, la Academia comenzó a realizar en este mismo lugar (La Nau), las primeras exposiciones públicas de bellas artes, con un éxito tan notable que se formaban largas colas para su acceso, obligando a su regulación por la milicia urbana.

Era, pues, una propuesta, por fortuna, inevitable, que tras haber firmado recientemente un convenio marco de colaboración con la Universitat de València, con motivo de su doscientos cincuenta aniversario, la primera muestra bienal de la Real Academia se celebrara aquí (Sala Acadèmia), tanto en homenaje al espíritu y al trabajo de sus fundadores, como mostrando testimonio de su pervivencia como institución de amplia utilidad para la sociedad valenciana del siglo XXI. De ahí, su título: De ayer a hoy, 250 años de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos.

Manuel Camarón Meliá, Alegoría de la Academia y Carlos III
Alegoría de Carlos III
Los maestros que la configuraron en el siglo XVIII, procurando una mayor modernidad, se desprendieron de un primer periodo Rococó (Ignacio Vergara fue el autor de la fachada del Palacio del Marqués de Dos Aguas) para asumir  el Academicismo Ilustrado y, precisamente por ello, la primera parte de la muestra que presentamos incluye obras propias de esta tendencia conceptual creadora, en la que el orden y la razón se distancian de las hipérboles postbarrocas precedentes, tanto en la pintura, como en la arquitectura, la escultura y el grabado. 





Francisco Alberola, Jael dando muerte a Sísara
Pero también hemos incluido breves, pero valiosos ejemplos, de la “pintura de flores”, aquella que, como apuntamos previamente, fue dirigida a la producción industrial; de tal suerte, que con un número reducido, pero muy significado de piezas, el visitante pueda adquirir información directa del periodo. Entre ellas, hemos de destacar el Autorretrato de José Vergara, sin duda el más importante autor de frescos del periodo, y primer director de la asignatura de pintura de la Academia, y dos obras muy relevantes de Vicente López, uno de los academicistas más destacados del ámbito nacional.









Rafael Armengol,  A Tiepolo,
“Al·legoria de Venus i el Temps”,
2018 © Armengol
En la segunda parte, más extensa, hemos incorporado una selección de obras de los académicos actuales, que engloban: pintura, escultura, fotografía, arquitectura y restauración. Mostrando la pervivencia de su capacidad creadora, y su participación, muy importante, en el discurso de la modernidad estrictamente contemporánea. Un salto cualitativo, elaborado conscientemente, que propone poner en evidencia la pervivencia de la participación de una institución que acaba de cumplir sus dos siglo y medio al servicio de la sociedad valenciana.

En las sucesivas bienales, tenemos previsto mostrar, en este mismo ámbito, una cuidada selección de las más de quince mil piezas que componen el patrimonio de la Real Academia, según agrupaciones temáticas, históricas o procedimentales, con la finalidad de acercar más sus fondos y sus experiencias al servicio de una comunidad de la que es deudora y en la que siempre nuestra institución se ha sentido profundamente arraigada.





José María Yturralde, APSU, 2018
© Yturralde
Amparo Carbonell Tatay, Desencuentro
© Amparo Carbonell
Arquitectura. 
La Sección de Arquitectura de la Real Academia de San Carlos está formada por siete miembros, de los cuales dos, son prestigiosos historiadores del arte con un alto grado de especialización en la materia, como Salvador Aldana y Joaquín Bérchez.

Los otros cinco, de acuerdo con los estatutos, deben de ser arquitectos que hayan alcanzado una especial relevancia en su trayectoria profesional.

En el vídeo preparado para la exposición realizada con motivo del 250 aniversario de la creación de la Academia, se recogen unas muestras elocuentes de la labor desarrollada por los arquitectos componentes de la sección en el momento de cumplirse la fecha del aniversario. Desgraciadamente, el académico Antonio Escario Martínez, fallecería pocos meses más tarde.

El orden de la proyección se ha realizado de acuerdo con la antigüedad de la toma de posesión en la Academia. La muestra, como se ha indicado, es reducida, si bien los currículums completos de los arquitectos se hayan a disposición de los interesados, en la página web de la institución.

Álvaro Gómez-Ferrer Bayo,
Seu Universitat Catòlica Sant Vicent Màrtir, 2006
Alvaro Gómez-Ferrer Bayo
resenta una de sus primeras obras, la Iglesia del Teologado de los dominicos de Torrente (Valencia) realizada bajo las pautas de la modernidad, en la que destaca la estructura espacial  de sus cubiertas, y que cumple ahora 50 años, conservándose en perfecto estado.


La rehabilitación del antiguo convento de San Carlos Borromeo es una de sus últimas obras de restauración, en la que se adecúan los elementos conventuales, para sede del Rectorado de la Universidad Católica de Valencia, yuxtaponiendo un nuevo edificio para su Facultad de Medicina, en el vacío que dejó una antigua demolición de las traseras del convento.

Francisco Taberner Pastor
Muestra una vivienda unifamiliar en La Cañada (Paterna) de ladrillo rojo, con una expresiva diferenciación funcional entre las zonas diurna y nocturna, dentro de un lenguaje austero y racional. Obra seleccionada en los Premios de Arquitectura del COACV, en 1989.

La Iglesia del antiguo convento de franciscanos de Benicarló (Castellón) con una compleja intervención  sobre las pinturas, supone la culminación, tras diversos proyectos realizados durante los últimos 20 años, de la restauración del convento que, desde el año 2005, desempeña una importante función museística.

Arturo Zaragozá Catalán
Desde su labor como arquitecto inspector de patrimonio, nos muestra un sugerente video de las pinturas de la techumbre de la Iglesia parroquial de Vallibona (Castellón). Este es un ejemplo singular de la decoración medieval de una iglesia de arcos de diafragma y cubierta de madera. Las imágenes son ejemplo de uno de los muchos patrimonios ocultos, de muy difícil acceso y contemplación, que existen en nuestra Comunidad. El video ha sido realizado conjuntamente con Carlos Martínez existiendo imágenes de Fernando Vegas-Camila Mileto.

Antonio Escario Martínez, Edifici La Pagoda, 1973
Antonio Escario Martinez
Su primera obra, el oratorio de San Felipe Neri, en Albacete, 1963, constituye un ejemplo singular de edificio religioso de cuidada volumetría en el que una estudiada utilización de las entradas de luz, unidas a la eficaz combinación de los materiales: madera y piedra, logran un espacio que, por su indudable valor, fue expuesto en el Pabellón de España de la XIV Bienal de Arquitectura de Venecia, en 2014.

Con la Torre Ripalda, ejecuta una obra difícil, tanto por sustituir al derribado Palacete de Ripalda de gran predicamento en Valencia, como por ocupar un hito urbano, resuelto con brillantez expresiva, a pesar de su gran carga inmobiliaria. Las franjas horizontales y las amplias terrazas abiertas en dirección a la ciudad, junto con una ordenación axial de la edificación hacia el puente del Mar, los acabados de zaguanes, las carpinterías, etc., nos hablan de un arquitecto que, en colaboración con los compañeros de su estudio J.A. Vidal y J. Vives, nos ha dejado un legado de gran interés.

Alberto Peñin Ibáñez
La restauración de la Colegiata de Gandía, fue lleva a cabo a lo largo de diez años (1999-2009), con la ayuda directa de la población de la ciudad, la Conselleria de Cultura, Ayuntamiento, Diputación, Caja de Ahorros y Agencia de Turismo, en un ejemplo de colaboración a resaltar. Se trata del edificio histórico más importante de la localidad, habiendo sido declarado Monumento Histórico Artístico en 1931. En su día fue iniciado por los duques reales y terminado por los Borja con la intervención de insignes artistas como los Forment, Paolo de S. Leocadio, Joan Franch y Pere Compte. La restauración es integral –a excepción del ábside descontextualizado-, desde cubiertas a fachadas e interior y que hoy se presenta en todo su esplendor.

La segunda obra, es el edificio de acceso del Colegio de la Fundación Teresiana en el Vedat de Torrent; es muy reciente (2015-16) y completa una construcción escolar ya existente. Contiene salón de actos, administración y servicios, en edificación exenta situada en el acceso principal. Sobre él se abre la edificación en un vano cubierto, como gran porche, que integra la pinada posterior y sirve de acceso y patio de juegos y de refugio, en una solución tipológica de gran tradición.

Lista artistas/académicos participantes:

Siglo XVIII:     Benito Espinós, Vicente López Portaña, Manuel Camarón, José Vergara, Rafael Esteve, Pascual Pedro Moles, Francisco Alberola, José Esteve Bonet, José Puchol Rubio, Juan Bautista Mínguez, Jerónimo Martín.     

Siglo XXI: Joaquín Michavila, José María Yturralde, Carmen Calvo, Joan Cardells, Rafael Armengol, Enric Mestre, Aurora Valero, José Saborit, Amparo Carbonell, Nassio Bayarri, Joaquín Bérchez, Joaquín Collado, Pilar Roig Picazo.