jueves, 4 de octubre de 2018

SEBASTIÁN CHISARI EN LA GALERÍA Mr PINK DE VALENCIA


En la galería Mister Pink (Guillem de Castro, 110) puede visitarse hasta el 30 de noviembre el proyecto multidisciplinar del artista Sebastián Chisari La salle/sale, la primera parte de la serie de exposiciones "Le faux sportif", que abordarán el espacio ("La salle/sale"), el cuerpo ("Láshe/Lache") y la mente ("Moniteur/Monitor"), tras llevar a cabo una experiencia deportiva conectada a una lectora. Se trata de una contaminación del espacio del gimnasio y lo que en él sucede, a través de la coincidencia entre la lectura de unos textos filosóficos y la rutina deportiva que el artista realiza diariamente en el gimnasio. Esto da lugar a un experimento, que fantasea con situaciones, como la posibilidad de conquistar un espacio impersonal de salud, plantarse ante una dicotomía (la del peso/no peso en fitness), o dejar la toma de control de la mente humana a una máquina pre-programada.

La salle - sale, título de esta primera parte, está formado por dos palabras que en francés tienen una pronunciación casi idéntica y que nos da un doble significado que enlaza con el tema de investigación del proyecto: la sala - sucia. Esta primera parte analiza el gimnasio contemporáneo, el funcionamiento de su propaganda y su posterior conquista. Es el resultado de observar, pensar y experimentar bajo los efectos de la serotonina y las endorfinas, en un momento en que el cuerpo está en su máximo rendimiento deportivo. Un instante en el que toda lógica se esfuma para penetrar en un espacio de seducción, y en el que resuenan textos que han sido leídos previamente a la cita diaria con el gimnasio. Para ello se traza una línea de investigación en la que encuentro conexiones entre la antigüedad clásica, la práctica deportiva en el gimnasio y textos de pensadores contemporáneos que he leído antes de entrenar.

El gimnasio en Grecia (cuna de la filosofía) fue un generador de fantasías vinculadas al cuerpo, que dio lugar a mitos como el del súper hombre/mujer. Esto ha derivado en la asociación de los mismos a un héroe mitológico, que generalmente era retratado con un cuerpo atlético. En el siglo XXI este espacio sigue promoviendo la idea de obtención de metas, fomentado por un tipo de publicidad con unos clichés, que a su vez nos remiten a la época clásica a través de las connotaciones de su nombre (Olympia Worid, Atenas, etc.). El gimnasio quiere atraer al público que pasa cerca de las instalaciones y, en estas, la seducción no solo reside en el nombre, también en los elementos funcionales y decorativos del espacio arquitectónico. El objetivo es sobreexponer su contenido visual y la manera en que la iconografía clásica ha sido descontextualizada, su actualización propagandística contemporánea, para volver a contextualizarla en un espacio-simulacro.

Una vez que el gimnasio te atrapa, toca apoderarse de él. Ante las normas de borrado de la huella (que se manifiesta por ejemplo en la obligatoriedad de usar toalla), y que vamos a dejar a nuestro paso. Columnas, espejos, cristales, suelo y rincones que no pueden ser limpiados. La huella como marca sutil, como prueba de la superficie invadida, sobre metros cuadrados de existencia sellada. Una huella que implica una performatividad, un movimiento de la mano, cuyo protagonismo es traído a este nuevo espacio deconstruido, y que a su vez se presenta aquí como una metáfora de la práctica artística. Un lugar para buscar la huella invisible, recordándola, revisando que persiste y registrándola.