viernes, 14 de septiembre de 2018

«DIALOGANT AMB ENRIC MESTRE» EN EL MUSEO NACIONAL DE CERÁMICA DE VALENCIA

   
Crónica audiovisual de la inauguración.      Obras participantes en la Exposición DIALOGANT AMB MESTRE

El Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias “González Martí” de Valencia, en colaboración con la Asociación Profesional de Artistas Plásticos arteEnred, presenta la exposición “Dialogant amb Mestre”. Miembro honorífico del colectivo de artistas arteEnred.  Por su amplia trayectoria artística, el colectivo arteEnred y el Museo quieren rendirle su particular homenaje.

Se exhiben medio centenar de obras de otros tantos artistas que, con medios de expresión plástica, materiales y técnicas diversas, nos ofrecen su particular visión de la obra del ceramista. La muestra incluye 10 obras inéditas del maestro Enric Mestre. La exposición estará abierta al público hasta el 28 de octubre de 2018. 


Listado de artistas:

Teresa Aparicio ,Vicent Aparicio-Guadas, Olga Arcos, Encarna Arnal, Marisol Arrieta, Lluís Beltran, Lorna Benavides,Teresa Bonhome, Antonia Carbonell, Carmen Carot, Julio Castillo, Pepe del Campo, Marisa Ebri, Fernando Evangelio, Begoña Fdez-Cañada, Amparo Fosati, Dolo Furió y Ángeles López, Pepe G Personal, Juvi Galán, Pilar Garcerá, Mampa García,Vicente Gascón, Consuelo González, Herrero & Cebrián,Francisco Ivars y Carmen Romeu, Isabel Llorens, Emilia Marín, Jaime Martí, Rosa Martí, Jesús Martínez, Toni Mas, Raquel Mira, Encarna Monteagudo, Enrique Montoro, Enrique Orts, Karine Pascual, Visi Planells, Sofía Porcar, José Manuel Ramos, Enric Real Ortuño, Sabina Requena, Mª Fernanda Sáiz Gallego, Maribel Salas, Amparo Santamarina, Leonor Seguí, Gerardo Stübing, Reme Tomás.


DIALOGANDO CON LAS ESCULTURAS CERÁMICAS Y LAS PINTURAS DE ENRIC MESTRE.

Por: ROMÁN DE LA CALLE. Abril 2018 Universitat de València
(Para el Catálogo de esta Exposición).

-Espacios imaginarios & Geometrías vividas-

En este recorrido - "con Mestre" y "desde Mestre" -, que nos propone el proyecto de arteenred, como homenaje conjunto, pero radicalmente individualizado, al profesor y artista Enríc Mestre (Alboraia, 1936), nos encontraremos, queramos o no, con sus duales propuestas, antes o después. No en vano - "con" y "desde" - no dejamos de movernos, "por prescripción organizativa", alrededor de su propio entorno creador.

La verdad es que, por definición, no podemos centrarnos en sus impactantes pinturas, sin dejar de pensar en sus paradigmáticas esculturas cerámicas. Y a la inversa, ¿cómo limitarnos al universo de sus cerámicas, una vez descubierto el efervescente y complementario contrapunto de su actividad pictórica?
Reconozcamos, pues, que estamos condenados, para siempre, a correlacionar la personal contemplación de sus cerámicas con la paralela emergencia -en nuestra mente- de sus sorprendentes construcciones pictóricas, como diferenciadas pero integradas referencias artísticas. Esto me ha pasado a mí, de manera reiterada, desde hace mucho tiempo.

En este juego de alternativas nos sentimos, estéticamente capturados, una vez más. De ahí que tal vez nos convendría hacer el esfuerzo metodológico de no dejar nunca entre paréntesis, la opción de referirnos a sus cerámicas, cuando ejercitamos el acercamiento investigador global eje sus trabajos pictóricos. Quizás lo mejor sería, por tanto, sustentar el esfuerzo de correlacionar los dos registros, haciendo dialogar, de manera interdisciplinar, sus cerámicas con sus pinturas... y también, además, intentar correlacionar, siempre, con las secretas Arquitecturas que anidan, a su aire, en sus sueños, en su insu.

Así lo aconsejamos de ordinario. También, efusivamente, lo hacemos ahora con sus amigos y seguidores de arteenred, que conforman una secreta escuela admirativa, fruto, quizás, de la ejercitada y efectiva pedagogía de Enríc Mestre, a caballo entre el saber y el enseñar, entre el descubrimiento y el hallazgo, entre la sorpresa y la reflexión.

Tareas polivalentes y rotundas, las de nuestro querido Mestre, tanto en sus cerámicas como en sus propuestas pictóricas, abiertas, por igual, al tacto controlado y la visualidad harmónica. Incluso, en las series pictóricas, las formas y los colores se integran, de pie, en sus obras, como si fuera, cada lienzo una superficie escultórica referencialmente seleccionada. Tal es el juego secreto que, potenciando su creatividad, se hace explícito y evidente, a lo largo de nuestro deambular inquisitivo por su producción artística de décadas.

A veces, sumamente sorprendidos, nos damos cuenta de que el espacio pictórico puede convertirse en campo de pruebas texturales y de contraste de cromatismos, cogidos decididamente en préstamo de la misma actividad cerámica. Es como si la pintura nos quisiera hablar de la cerámica, minuciosamente, respondiendo al reto sobrevenido, entre los dedos de la imaginación, que enfatiza y potencia sus capacidades de engaño perceptivo. Diálogos inagotables entre estructuras, geometrías, texturas y colores.

Desde un tiempo atrás, hemos ido reiteradamente descubriendo toda una selección de pinturas que, casi en secreto, en la tranquilidad geométrica de su estudio, Enric Mestre ha impuesto recientemente --una tras otra-- a las metamorfosis plásticas que alberga su mente, nacidas, como obras independientes, del codificado lenguaje que trazó en sus cuadernos de dibujo, convertidos en inagotables depósitos / reservas de dormida creatividad pautada. De aquí brota un seductor y renacido trabajo continuo, totalmente oscilante entre la pintura, la escultura y arquitectura imaginada.

Enric Mestre necesita, casi de manera obsesiva, experimentar cotidianamente, como versátil salvavidas y ejercicio obligado de mantenimiento personal, para seguir creyendo en las posibilidades de una existencia compartida con la acción artística. Este es el mensaje de base, que nos lanza a bocajarro, el comprometido autor de estas enigmáticas composiciones interdisciplinares, desde su taller, mientras continúa de forma obsesiva viajando, cada madrugada, de la pintura a la cerámica, para reiniciar, de nuevo, cada tarde, el camino inverso.

A menudo, hemos pensado que Enric Mestre --una de las figuras más consolidadas en el panorama nacional de nuestro arte contemporáneo, comprometido éticamente con su profesión-- está quizás condenado a experimentar incansablemente y a revivir procesos de innovación, nacidos, siempre, de los secretos descubiertos --a través de sus constantes intercambios con los materiales, en el seguimiento de los procedimientos y las técnicas, en el rastreo de nuevas formas y en el secreto comportamiento de los colors-- gracias a sus personales transversalidades y aventuras estéticas . Tales son, efectivamente, sus poderes creativos y sus logros artísticos.

                                            II

"Con" & "desde" son las dos sendas abiertas, en esta iniciativa de afecto y reconocimiento, asumida por los amigos de la Asociación arteenred, que quieren acercarse, en su personal quehacer artístico, a la figura y la obra de Mestre, sumándose y participando, así, con sus respectivas piezas en la convocatoria-homenaje, íntimamente planteada. Pero justamente, en este caso, el facere de los participantes irá a la saga del theorein, que supone, etimológicamente, tanto el mirar y ver como el reflexionar, manteniendo siempre las impactantes obras de Enric Mestre como referencia obligada. Estímulo y reto. Tentación y meta.

Así pues, somos plenamente conscientes de que entre la mirada y el tacto, las esculturas cerámicas de Enric Mestre, en su riguroso constructivismo, se nos aparecen, quizá cada vez más, --en medio de su drástica y buscada sobriedad formal-- rodeadas de una especie de aura altamente enigmática. Se podría decir que nunca nos acostumbramos, del todo, a ellas, que siempre nos atrae su presencia imponiendo, manteniéndonos, pero, a pesar de todo, respetuosamente como distancia, expectantes y sorprendidos.

Estas son precisamente la distancia, que necesita la mirada, y la cercanía que, asimismo, exige el tacto. ¿Cuántas veces hemos recorrido, por nuestra parte, las historiadas superficies de estas arquitecturas, surgidas de los sueños, que, en cada caso, nos proponen las siempre impactantes obras de Enric Mestre, acariciando con las yemas de nuestros dedos la minuciosa y controlada orografía de sus texturas --gres, chamota y engalbes-, mientras ratificamos paralelamente, con la vista, la perfección de su trazado y la consistente solemnidad de sus volúmenes? ¿Cuántas veces hemos girado, igualmente, alrededor de sus obras, observandolas desde los más plurales puntos de vistas, como para constatar --más decidida y minuciosamente-- el poder de su presencia y contrastar así, mejor, si es posible, abastecernos de este singular misterio que parece brotar, intermitentemente, del interior de sus inquietantes y sorprendentes espacios?

A menudo, se ha dicho, como queriendo desvelar un secreto, que son las formas tan características de sus esculturas --las planchas rigurosamente calculadas, cortadas y acopladas entre sí-- las que determinan el fundamento de su vigoroso lenguaje, propio de su poética constructiva. Ciertamente, Enric Mestre ha elaborado, a lo largo de su prolongado itinerario artístico, todo un repertorio de elementos formales, las articulaciones combinadas de los cuales, a partir de detallados códigos, han sabido generar ascéticos espacios, enlazados interna y externamente, tal vez al dictado de una imaginación bien controlada por el cálculo y las opciones racionales.

No se puede, sin más, hablar aquí, casualmente, de estrictos apelaciones miméticas a determinadas propuestas arquitectónicas. Una cosa es influir y otra determinar. Sería un error potenciar una radical y sesgada lectura denotativa de muchas piezas suyas, ante el concreto entorno urbano. Es, más bien, la articulación de un mundo propio, cargado de connotaciones y simbologías autónomas, lo que realmente importa, si acaso queremos ir más allá de las puras formas y volúmenes, a la hora de justificar sus orígenes.

En realidad, es su interna sintaxis la que prevalece. Una sintaxis que genera formas, volúmenes y espacios. Y si nuestra mirada --impactada por los juegos de la percepción y de la imaginación que, en nosotros, motivan estas obras de Enríc Mestre-- apela además a la reflexión, tendremos que ceder paso y dar cabida al espectáculo de este mundo interno y propio de la obra, saltando de la imagen en el símbolo, de aquello sensible a la ordenación, de las cualidades inmediatas a la sorpresa de ciertas claves racionales.

¿Cabe una mejor estrategia racionalizadora, a través de la cual, de manera más eficaz, la presencia de la materia nos pueda manifestar, al mismo tiempo, no sólo en su intensa y rica vertiente sensible, sino además en sus múltiples enlaces, formalmente constructivos? De hecho, nos movemos directamente, ante las obras de Enric Mestre, en el pleno dominio de una sensualidad, siempre contenida, marcada inexorablemente por la geometría, mientras nos sabemos igualmente atraídos por la fuerza de las imágenes constructivas, que su esmerado repertorio, una y otra vez, nos propone. Aquí están locuaces y, al mismo tiempo, silenciosas –a la espera-- sus obras.

Si el ámbito de aquello sensible queda exactamente definido en este encuentro entre la materia y el sujeto, es decir entre la potencialidad material que se resuelve y ofrece, en presencia abierta, en nuestra mirada y nuestro tacto, también hay que tener en cuenta que la imagen resultante, de este diálogo entre formas, espacios y volúmenes, posee igualmente el carácter duplicado e inquieto de una realidad estética tocada por la alargada sombra de la razón. ¿No es este el carácter híbrido de estas imágenes, entre la fisicidad significando, que apela a la percepción y a la generosa experiencia de la imaginación, pero que asimismo han sido siempre concebidas al abrigo del cálculo y de la geometría?

¿Quién, en alguna que otra ocasión, tocado por la fantasía, no ha pretendido deambular, en silencio, por los espacios escultóricos de Enric Mestre, entre estos paredes ásperas y cálidas, fácilmente dispuestas a destilarla de recuerdos y memoria, entre estos muros y habitados que, como pequeños laberintos, cierran misterios? Junto a este mundo de formas y volúmenes, representado en sus arquitecturas imaginarias, hay que apuntar asimismo la emergencia de un mundo expresado, cargado de enigmas y de silencios, entroncado en el propio juego de los espacios, vacíos, pasillos, escaleras, rincones, angulaciones, muros y paredes.

¿No vale la pena poder repensar, aunque sea someramente, el alcance significativo de este curioso universo metafísico, que sus propuestas escultóricas nos insinúan con cierta vehemencia? Espacios de soledad, abiertos no obstante a ser plenamente Habitados. Espacios íntimos, en unos casos, y distanciada lúgubres, en otros. Rincones para meditar o ámbitos para la espera, pero siempre tratándose de cosmos ordenados.

Pocas veces, como ésta, el objeto artístico parece dotarse, por igual, de rigor y de una cierta expresividad, de manera tan inmediata e intensa, frente a nuestra mirada, incluso llegando a al extremo de transformarse, abiertamente, en arquitectura imaginaria o en geometría vivida, tal como sucede, muy en particular, en el desarrollo de los murales de Enric Mestre: sus no menos impactantes placas de gres chamota y barniz.

En sus trazados reticulares, en sus juegos de líneas, podría decirse que late expresamente el pulso del gesto, la imprenta, el trazo, como queriendo aportar el latido humano a la propia geometría, que emerge de la obra. Francamente, siempre me han sorprendido los paneles murales de Enric Mestre, tan directamente enlazados --es bien cierto-- con su particular actividad pictórica, sus acrílicos sobre lienzo. La pulcritud de su realización, el reto de sus estudiados cromatismos, la minuciosidad de su trazado, los juegos de luz desplegándose entre sus brillantes tratamientos y el reto de su extensa concepción, a fuerza de series, no son sino otros tantos motivos para admirar e incidir, una vez más, en el valor estético de este tipo de impactantes propuestas plásticas.

No se pues coyuntural, teniendo en cuenta la extensa y consolidada trayectoria de Enric Mestre, la necesidad de incluirlo entre los más destacados escultores internacionales, que han decidido atender la riqueza y versatilidad de la cerámica, con total entrega y rigor . En realidad, una vez conquistado por el medio cerámico, más que explotar fácilmente sus conocidos rendimientos, siempre ha preferido, por el contrario, explorar y poner a prueba sus posibilidades. Quizás ha sido éste, y no otro, el verdadero camino que ha sabido recorrer.

Nunca, en ningún punto de su itinerario, se ha tratado de potenciar una aventura puntual o de hilvanar una breve y aliada experiencia, más bien al contrario, su profesionalidad ha ido totalmente pareja con sus escalonados logros. Cada vez más estricto en sus investigaciones y con menos concesiones a todo lo que no fuera fruto del trabajo, del reto personal y de la exigencia creativa, Enric Mestre ha sido y es uno de los puntales que más sólidamente ha sabido normalizar la no siempre fácil situación de la escultura cerámica, entre las diversas manifestaciones artísticas contemporáneas.

En este caso, sus construcciones imaginarias y las explícitas geometrías de sus murales son, sin duda, un inmejorable doble ejemplo de todo lo que se acaba ahora mismo de apuntar. No sólo el dominio y el nivel de los medios y recursos técnicos empleados --algo que ya debería darse por supuestamente, sino además la exigente concepción de cada uno de sus proyectos de trabajo, la riqueza de asociaciones y el rigor crítico, que vertebra sus aportaciones artísticas son, resumidamente indicadas, algunas de las claves que argumentan y apoyan, efectivamente, el destacado lugar que, sin duda, el magisterio de Enric Mestre ocupa en el panorama de las artes plásticas de nuestra época.

No tenemos, pues, fácil la resolución operativa del homenaje, en qué nos hemos embarcado, cada participante desde su angulación respectiva, bien replanteando una pregunta específica o bien potenciando una determinada relectura de alguna de sus plurales y complejos experiencias. Aunque, en este caso, la dificultad convierta estímulo y la persistencia facilite el reto de querer dialogar "con" Enric Mestre o encarar la aventura "desde" su potente magisterio.


ENRIQUE  MESTRE  ESTELLÉS
Por: Antonia Carbonell Galiana
(Para el Catálogo de esta Exposición).


Enrique Mestre Estellés nació el 16 de marzo de 1936 en Alboraya (Valencia).

Según el propio artista ha relatado en repetidas ocasiones su ambiente familiar y las profesiones de sus padres, favorecieron el desarrollo de su sentido estético, pre­sente en la intuición de su madre, Consuelo Estellés Bolea y de su padre Enrique Mestre García, litógrafo de profesión y en cuyo taller Mestre trabajó ayudándolo.

En aquel momento Alboraya era un pueblo cercano a Valencia, que según datos aportados por María José Silgalat Valla, en la publicación "Segunda República en Alboraya: 1931 -1936 "contaba solo con 6.277 habitantes, comunicados con Valen­cia a través del llamado "trenet" que tenía su estación en "el Pont de Fusta"

Durante el curso 43-44 del pasado siglo Mestre empieza sus estudios en el colegio de los Dominicos en Valencia cuando solo contaba con siete años de edad, más tarde continuó sus estudios en el colegio de los Maristas.

En el año 1948 con la edad de 12 años Mestre inicia sus clases de dibujo, cada día después de salir del colegio se dirigía a la Escuela de Artes y Oficios, hasta que en 1953 hace su ingreso en la Facultad de Bellas Artes.

Mestre ingresa en una facultad anclada en la tradición, por el contrario, el mundo artístico en la ciudad de Valencia renacía en la década de los 50 con la vitalidad de los artistas emergentes y la vuelta al panorama artístico de algunos sobrevivientes de la durísima represión que durante la posguerra se llevó a cabo con los artistas va­lencianos.

En este sentido, ya desde los años cincuenta encontramos en Valencia artistas su­mergidos en las investigaciones sobre la forma, la geometría y el análisis del espa­cio. Dentro de estas tendencias constructivistas Vicente Aguilera Cerni (Valencia 1920-2005), analizó el papel social y ético del arte, exponiendo sus ideas en diferen­tes textos. De ellos el más paradigmático fue "El arte además"

La propuesta arraigó en Valencia donde se realizó la primera exposición de arte nor­mativo español. Esta exposición fue organizada por el grupo "Parpalló" y tuvo lugar en el Ateneo, del 12 al 26 de marzo de 1960.

Tal era la atmósfera en la que se desarrollaba la personalidad del entonces joven artista Enri­que Mestre. Ese mismo año de 1960 con un ya muy largo bagaje de formación y compatibilizando los estudios con su trabajo como publicista, Mestre ingresa en la Escuela de Cerámica de Manises.

La vocación de Mestre se interesaba por la pintura técnica en la que ha desarrollado una obra tan intensa y amplia como la desarrollada en cerámica, pero menos conocida.

Fue casualidad que sus pasos se encaminaran a la Cerámica, donde conocería a la figura de­terminante del ceramista Alfons Blat Monzó (1904-1970) que contribuyó en gran medida a construir, en la mirada de Mestre hacia la cerámica, una gramática propia, insólita para el mo­mento que en Valencia permanecía mayoritariamente inmersa en la tradición del XVIII.

En 1969 Mestre inicia su trabajo docente, que pronto dará sus frutos, concretamente en 1979, en la sala "Gasso" se realiza la primera exposición del alumnado procedente de su aula de taller, suponiendo con el tiempo una apertura en los lenguajes plásticos expresados en ce­rámica, en el marco de Valencia y propiciados por su labor pedagógica.

Para tal ocasión el profesor Mestre redactó una presentación publicada en el pequeño catálo­go de mano, arropando así el inicio de una generación de artistas valencianos, especializados en el material cerámico que hoy muchos años después y en palabras de algunos de ellos, se constituyen en "Pléyade"


Paralelamente y a lo largo de los años, desarrolla una intensa actividad en su estudio-taller, si­tuado en la huerta de Alboraya, trabajo que difunde en sus muchas exposiciones. Por otra parte desarrolla una intensa actividad como miembro de la Academia Internacional de Cerá­mica, que le lleva a recorrer numerosos países del mundo haciendo especial mención a Orien­te y sobretodo Japón. Su obra en cerámica goza de un merecido respeto internacional.